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BlogCrianza Positiva

No importa lo que haga, mi hijo sigue haciendo pataletas

Skeilly Castellanos4 min de lectura

“Fui al psicólogo, leí todas las páginas de crianza positiva, estudié todas las técnicas, apliqué la respiración, el acompañamiento, alentarlo en vez de elogiarlo, y nada parece funcionar. A pesar de todo, mi hijo sigue desbordándose emocionalmente. ¿Qué estoy haciendo mal?”

Si alguna vez te has sentido así, acompáñame. Hoy quiero contarte lo que puede estar pasando.

¿Qué estoy haciendo mal?

Seguro esta es la pregunta que más te haces. ¿Por qué será que siempre empezamos por buscar nuestros errores y no por valorar lo que estamos haciendo bien?

¿Te has dado cuenta de que el simple hecho de buscar información y querer romper con paradigmas de crianza tradicional, dejando atrás gritos, golpes y maltratos, ya es un enorme paso hacia adelante? Si no lo habías pensado, permíteme felicitártelo. Estás eligiendo un camino que puede parecer más largo, más difícil y muy criticado por quienes defienden la crianza a la antigua, pero es una decisión valiente.

Ahora volvamos a la preocupación que te trajo aquí: tu hijo sigue haciendo pataletas, sigue gritando o golpeando, y sientes que te estás quedando sin herramientas.

Empecemos por lo básico: la edad

Si tu hijo es pequeño, es decir, en su primera infancia (menor de cinco o seis años), es importante que entiendas que su desarrollo neurológico lo lleva a reaccionar de forma instintiva y emocional ante sus sentimientos.

En esta etapa, los niños no tienen la madurez necesaria para regular su conducta. Sus emociones son puras, intensas y, a veces, abrumadoras. Las expresan como les sale, y esto es completamente natural.

Un dato clave: cuando están con sus padres, sus figuras de seguridad, se sienten libres para expresarse de manera más intensa. Esto no significa que lo estás haciendo mal; significa que confían en ti para mostrar todo lo que sienten.

El rol del lenguaje

Otro aspecto a considerar es el lenguaje. ¿Qué tan desarrollado está su vocabulario emocional?

El lenguaje juega un papel fundamental en el control de las emociones. A través del lenguaje, los niños pueden:

  • Explicar lo que sienten.
  • Nombrar sus emociones en distintas situaciones.
  • Crear un diálogo interno para guiarse y autorregularse.

Esto último se desarrolla especialmente después de los siete años, cuando comienzan a utilizar estrategias metacognitivas. Es decir, piensan sobre sus pensamientos y emociones para manejarse mejor. Pero todo esto requiere que los padres les proporcionen ese vocabulario emocional desde temprano.

¿Y si son más grandes?

Si tu hijo ya no es tan pequeño, es importante considerar el tiempo que llevas aplicando estas técnicas y cuánto tiempo necesita él para aprender a manejarlas. Este camino, aunque es más seguro emocionalmente, no es mágico.

Identificar emociones, regularlas, pensar estrategias para expresarlas de forma asertiva y aplicarlas es un proceso complejo. Es como aprender a coordinar una coreografía de ballet o leer y analizar un texto: requiere práctica y paciencia.

Incluso, puede que un día tu hijo lo logre y al siguiente vuelva a desbordarse. Esto no significa que estés fallando. Es parte del proceso de aprendizaje.

Qué necesitas tú como madre o padre

Para acompañar este proceso, necesitas:

  • Paciencia: Acepta que esto toma tiempo.
  • Calma: Aprende a manejar tus propias emociones para modelar el control emocional.
  • Conciencia: Recuerda que tu hijo tiene inmadurez emocional y verbal.
  • Presencia: Estar en cuerpo y mente cuando te necesita.
  • Fortaleza: Es un trabajo agotador, pero necesario.
  • Perseverancia: Rendirse enviará un mensaje confuso a tu hijo, que puede generar ansiedad e inseguridad en él.

¿Y si hay algo más?

Hay otro motivo que podría explicar por qué estas estrategias están tardando en dar resultados. Si notas que tu hijo tiene muchas dificultades para manejar ciertas situaciones, parece más irritable que otros niños de su edad, o es particularmente sensible, temeroso o rabioso, considera consultar con un especialista.

Es importante descartar alteraciones sensoriales u otros factores que puedan estar afectando su conducta. Esto no solo aplica a niños con condiciones de neurodesarrollo. Incluso los niños neurotípicos pueden tener diferencias en el procesamiento sensorial que influyen en su comportamiento.

En conclusión

La crianza respetuosa no es un camino fácil ni rápido, pero es uno de los más valiosos que puedes ofrecerle a tu hijo. Aunque no veas resultados inmediatos, sigue practicando y reforzando estas estrategias. Con el tiempo, estarás ayudando a tu hijo a desarrollar las herramientas necesarias para enfrentar sus emociones y el mundo de una manera más saludable.

Gracias una vez más por acompañarme en esta reflexión.

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