CURSO – Manejo de emociones en Niños

La educación emocional es tan esencial como aprender a leer o escribir.

Sin embargo, muchos adultos no recibimos este tipo de formación en nuestra infancia.

Hoy, la neurociencia y la psicología nos muestran que enseñar a los niños a reconocer, expresar y regular sus emociones es fundamental para su bienestar y felicidad.

El cerebro de los niños está en pleno desarrollo.

Estructuras como la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal juegan un papel clave en la gestión emocional, pero maduran a ritmos diferentes.

Por eso, los niños reaccionan de forma intensa y, a menudo, impulsiva ante las emociones. Entender esto nos ayuda a acompañarlos con empatía y paciencia.

Los niños aprenden principalmente a través de la observación.

Nuestras propias emociones y reacciones son el modelo que ellos imitan.

Por eso, es esencial que los adultos trabajemos en nuestro autoconocimiento y regulación emocional.

Limpiar nuestro “cristal” implica reflexionar sobre cómo expresamos alegría, tristeza o rabia, y buscar ayuda profesional si es necesario.

  • Observar y comprender: Antes de reaccionar, analiza la situación objetivamente. ¿Qué ha desencadenado la emoción? ¿Qué necesita aprender el niño?
  • Nombrar las emociones: Ayuda a tu hijo a identificar y poner en palabras lo que siente. Usa recursos visuales y describe las sensaciones corporales asociadas.
  • Validar y acompañar: No minimices ni ignores las emociones. Frases como “no llores” o “no es para tanto” solo desconectan al niño de sus sentimientos. Acompaña desde la calma y la empatía.
  • Ofrecer estrategias de regulación: Crea un rincón de la calma con materiales sensoriales y enseña técnicas como la respiración consciente. Practica estas estrategias en momentos de tranquilidad, no solo durante una crisis.
  • Modelar la asertividad: Enseña a expresar necesidades y emociones de forma clara y respetuosa, practicando juntos situaciones difíciles.

El aprendizaje emocional es un proceso a largo plazo.

No esperes resultados inmediatos; la clave está en la práctica constante y en la paciencia.

Con el tiempo, los niños desarrollarán habilidades para afrontar la vida con mayor seguridad, empatía y resiliencia.

Educar las emociones es un regalo que perdura toda la vida.

Como adultos, tenemos la responsabilidad y la oportunidad de ser el mejor ejemplo y guía para nuestros hijos.

No se trata de buscar la perfección, sino de acompañar con amor, comprensión y coherencia.