Imagina que tu hijo atraviesa un problema grave.
Sabe que se equivocó, que metió la pata hasta el fondo.
Está avergonzado, confundido, asustado.
Y en ese momento tiene que decidir a quién llamar.
¿Serías tú la primera persona a la que acudiría?
Si la respuesta es no, lo sé… probablemente duele.
Este mensaje es para ti, porque yo también lo viví.
No como mamá, sino como adolescente.
La que se sintió sola, la que no supo qué hacer, la que se equivocó.
Esa experiencia marcó todo lo que soy hoy.
Y fue el origen de PsicoFormando.
Mi historia
Cuando era adolescente, mis padres llevaban pocos años divorciados.
Mi mamá trabajaba muchísimo y, sin darse cuenta, me puso sobre los hombros una carga demasiado pesada para mi edad: cuidar de mi hermano, sacar buenas notas, mantener la casa en orden.
Mientras tanto, yo solo quería ser una niña.
Quería bailar Backstreet Boys, tener amigas, reír.
Pero lo que se esperaba de mí era otra cosa: cumplir, rendir, no fallar.
Si todo estaba perfecto, había paz.
Si algo fallaba, venía el regaño.
Ese regaño que suena a decepción, a “¿por qué no puedes ser lo que te pido si yo hago todo por ti?”.
Así aprendí a sentir que solo valía por lo que hacía, no por lo que era.
Me sentía invisible.
Y como nunca era suficiente, busqué afuera quién me aceptara.
Me equivoqué.
Cometí errores que me dolieron y que también lastimaron a mi familia.
Lo que más recuerdo de esos años era el miedo constante a decepcionar a mi mamá.
Y claro, lo logré.
Profecía autocumplida.
Hoy sé que mis padres me amaron, que mi mamá quería lo mejor para mí, que hizo lo mejor que pudo con lo que tenía.
Pero en aquel entonces yo no supe cómo acercarme a ella.
Lo que aprendí
Estudiar psicología me abrió los ojos: mi historia no era única.
Muchos adolescentes se sienten solos, invisibles, incomprendidos.
No porque sus padres no los amen, sino porque no siempre saben cómo expresarlo.
Es como hablar distintos idiomas del amor:
- Tú dices “te quiero” con acciones.
- Ellos necesitan escucharlo en palabras.
Y aunque el amor exista, ellos lo sienten ausente.
Además, criamos desde nuestras heridas.
Repetimos patrones.
Creemos que los sermones ayudan, pero en realidad suenan a decepción.
Y así los hijos se alejan, mienten, se esconden.
Mi compromiso como mamá
Cuando me convertí en madre, me prometí hacerlo diferente.
Quería ser la mamá que yo había necesitado.
No soy perfecta.
Me equivoco muchas veces.
Pero he trabajado en mis heridas, en regular mis emociones, en crear un vínculo sano con mi hijo.
Hace poco le pregunté:
“Negro, ¿sabes que yo te amo?”
“Sí, mamá.”
“¿Alguna vez dudaste de eso?”
Me miró, pensó y dijo:
“Sí, antes sí. Y ahora sé que sí.”
Ese día supe que lo había logrado.
Mi hijo sabe que lo veo, que lo reconozco, que lo amo incondicionalmente.
Que si se equivoca, mi amor no cambia.
Que puede acudir a mí.
Porque no se trata de que yo lo sepa.
Se trata de que él lo sienta.
El corazón de PsicoFormando
Ese es mi propósito: que ningún niño crezca sintiéndose invisible o no amado.
Porque cuando un niño cree que ni siquiera sus padres lo reconocen, empieza a dudar de sí mismo.
Y eso destruye todo lo que piensa de su propio valor.
Pero esto se puede cambiar.
El poder está en las mamás y los papás.
Más allá de diagnósticos, terapias o técnicas de conducta.
Lo que de verdad transforma a un niño es sentirse amado, seguro, comprendido.
El Círculo Crecer
De mi historia nació PsicoFormando.
Y ahora nace El Círculo Crecer:
Un espacio para madres que quieren ser guiadas, acompañadas, escuchadas.
Un lugar con herramientas para enfrentar los desafíos de la crianza, las conductas y, sobre todo, para fortalecer el vínculo con sus hijos.
Si esto resuena contigo, estás en el lugar correcto.
Criar no es fácil, pero no tienes que hacerlo sola.
Tu hijo merece sentirse seguro.
Y tú mereces sentirte acompañada.
Encuentra todos los detalles en mi página web y redes sociales.
Y si conoces a una mamá que necesita este mensaje, compártelo.
Una acción de bondad siempre regresa multiplicada.
Gracias por ser parte de este movimiento.
Gracias porque esto hará que nuestros hijos sean mejores adultos.
Te abrazo fuerte.