Le repites una y otra vez lo que tiene que hacer:
“Hijo, guarda los juguetes.”
“Mi amor, haz la tarea.”
“No le pegues a tu hermano.”
“Deja de gritar.”
Lo dices con calma, con amor, con paciencia… pero no responde como esperas. Y ahí llega la frustración. Te preguntas si no te entiende, si lo hace a propósito, o peor aún, si tú estás fallando como mamá.
Si te sientes cansada, frustrada o culpable por todo esto, no estás sola. Muchas mamás viven esto cada día, aunque nadie lo diga en voz alta. Hoy quiero explicarte algo que puede cambiar por completo tu mirada sobre este comportamiento. Y sobre todo, quiero darte tranquilidad, comprensión y herramientas reales para acompañarlo.
🧠 Lo que pasa en su cerebro
Para que un niño logre hacer lo que se le pide —controlar impulsos, planear, seguir instrucciones— necesita que una parte de su cerebro esté desarrollada: la corteza prefrontal, esa que funciona como el director de orquesta del comportamiento.
¿Y sabes qué? No está completamente desarrollada hasta los 20 o 25 años.
Entre los 3 y los 10 años, esa zona está apenas en construcción. Por eso un niño puede saber lo que debe hacer, pero no logra sostenerlo por sí solo. Es como si tuviera una linterna con pilas que se descargan rápido: puede enfocarse un momento, pero luego se distrae, se agota, se frustra.
No es que no quiera. Es que todavía no puede hacerlo por sí mismo.
🛠️ Lo que tú puedes hacer distinto
No se trata de exigir menos. Se trata de acompañar mejor. Aquí tienes tres herramientas sencillas que puedes empezar a usar hoy:
- Una sola instrucción a la vez
En lugar de decir “Guarda los juguetes y lávate las manos”, di: “Guarda los juguetes”. Cuando lo logre, entonces le das el siguiente paso. - Nombra lo que hizo bien en el momento
“Me gustó mucho que fuiste directo a buscar tu bolso.”
“Vi que no le pegaste a tu hermano, aunque estabas molesto. Eso es un gran paso.”
Esto refuerza el comportamiento positivo más que cualquier regaño. - Usa rutinas con apoyo visual
Una imagen, una lista de pasos, un dibujo o fotos. Lo importante es que él pueda ver lo que se espera de él sin tanto recordatorio verbal.
👁️ ¿Cómo esto cambia tu mirada?
Cuando entiendes que no es que no quiera, sino que todavía no puede solo, todo cambia:
Tu forma de hablarle.
Tu nivel de exigencia.
Tu manera de reaccionar cuando no lo logra.
Y por supuesto, también cambias tú.
Dejas la culpa.
Bajas esa exigencia imposible.
Y encuentras otra forma de acompañarlo.
Porque no se trata de corregir. Se trata de enseñarle lo que aún le falta.
En esta guía te cuento las habilidades que pueden lograr los niños por edad, con la intención de que sepas exigirle lo justo y acompañarlo en lo que aún requiere tu apoyo.
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