¿Mi hijo está hablando cómo debería? Señales para observar el desarrollo del lenguaje
¿Alguna vez te has preguntado si tu hijo está hablando como se espera para su edad? Tal vez has notado que otros niños ya dicen frases completas y el tuyo aún balbucea, usa solo unas pocas palabras, o simplemente no se le entiende bien. Incluso tú, que lo conoces mejor que nadie, a veces no sabes con certeza qué intenta decir.
Si alguna de estas situaciones te resulta familiar, quiero decirte algo antes que todo: no estás sola. Esta es una de las preocupaciones más frecuentes entre las madres, y suele ser la primera señal que las lleva a consultar si el desarrollo de su hijo va según lo esperado.
Por eso escribí este blog. No para alarmarte, ni para llenarte de dudas, sino para acompañarte con claridad y darte herramientas. Si estás en ese momento de observar con más atención, te invito a seguir leyendo. Hoy quiero ayudarte a responder una gran pregunta: ¿eso que te preocupa es parte del desarrollo normal o es momento de buscar ayuda?
Antes de empezar: una aclaratoria importante
Soy psicóloga. No soy terapeuta de lenguaje. Abordaré este tema desde la neuropsicología y el neurodesarrollo —mi área de especialidad— enfocándome en la maduración cerebral. No pretendo invadir el campo clínico de las y los profesionales que se dedican a la rehabilitación y la intervención del habla. De hecho, tengo el privilegio de trabajar con logopedas y fonoaudiólogos, formando equipos que evalúan el desarrollo integral de cada niño: lenguaje, motricidad, cognición, vínculos, atención y más.
Dicho eso, vamos al corazón del tema.
¿Habla o lenguaje? No son lo mismo
Muchas veces usamos estos términos como sinónimos, pero no lo son. El habla es la capacidad de emitir sonidos comprensibles, articular palabras y frases. En cambio, el lenguaje es mucho más amplio: es la herramienta que nos permite comunicar, comprender y ser comprendidos con o sin palabras. Incluye gestos, miradas, silencios, sonidos e incluso las emociones.
Ambas áreas deben desarrollarse en conjunto, pero no siempre lo hacen al mismo ritmo. Por ejemplo:
Un niño puede hablar, decir frases, pero si nadie lo entiende, puede tener un retraso en el habla.
Otro puede articular bien, pero sin expresar ideas claras. Eso apunta a un retraso en el lenguaje.
Algunos niños, sin decir ni una palabra, logran comunicarse con gestos, miradas y balbuceos con intención.
Todo eso también es lenguaje.
Hitos del desarrollo que nos orientan
Cada niño tiene su propio ritmo. Aun así, hay referencias generales que pueden guiarnos:
11-12 meses: primeras palabras claras.
18 meses: aumento del vocabulario.
2 años: combina dos palabras (“mamá ven”, “más agua”).
3 años: frases de al menos tres palabras que sean comprensibles por personas fuera del entorno familiar.
Pero mucho antes de que las palabras aparezcan, ya podemos observar señales: los precursores sociocomunicativos. Son una maravilla porque nos dicen mucho del desarrollo:
Contacto visual que te sigue mientras hablas.
Sonrisa social: esa que aparece como respuesta, no por reflejo.
Balbuceo con intención.
Gestos, señalamientos, juegos de imitación como saludar o aplaudir.
Estas expresiones también son comunicación, y valen tanto como una palabra.
Cuando buscar ayuda (y por qué no hay que temer)
Si alguna de estas conductas no está presente o sientes que algo no avanza como esperabas, consulta. No desde la preocupación ansiosa, sino desde la búsqueda de claridad.
Cuanto antes detectemos una dificultad, mejor será el pronóstico. Muchas veces, los retrasos son leves y se resuelven con estimulación. Pero en otros casos, se requiere intervención. Y ahí un diagnóstico temprano puede marcar toda la diferencia.
Cuando evalúo a un niño, observo juego, lenguaje, emociones, motricidad, vínculos… y si es necesario, trabajo junto con terapeutas de lenguaje para comprender la totalidad. Porque el lenguaje no es solo decir palabras: es la base sobre la cual tu hijo construirá pensamiento, emociones y relaciones.
También es lo que más adelante permitirá leer, escribir y aprender. Por eso, si hay señales que te inquietan, no dejes pasar esta etapa maravillosa de neuroplasticidad. El momento para actuar es ahora.
Una invitación desde el amor y el acompañamiento
Si llegaste hasta aquí, gracias. Eso me dice que estás atenta, comprometida y dispuesta a acompañar el desarrollo de tu hijo desde el amor y la responsabilidad.
Si esta información te resultó útil, compártela con otras mamás. Tal vez esa duda que tú tenías también la tiene alguien más. Y sí, puede marcar una gran diferencia en la vida de un pequeño.
Te invito a seguir visitando este espacio donde juntas, con ciencia y con corazón, acompañamos a nuestros niños a crecer.
Nos leemos en el próximo blog 💛