Mi hijo es diferente… y eso está bien: Cómo hablarle de su diagnóstico sin romper su confianza

Una de las preguntas que más se hacen las madres en consulta es: ¿Le digo o no le digo sobre su diagnóstico?

A veces pensamos que saberlo, el hecho de reconocer que es diferente, en lugar de ayudarlo podría confundirlo. ¿Será beneficioso para él o para ella saber que su cerebro piensa diferente, que su forma de ver el mundo no es igual a la de los demás?

Creo que esta es una de las preguntas más recurrentes que me han hecho a lo largo de los años en consulta. Por eso quiero contarte cuál ha sido el resultado en niños y adolescentes que conocen su diagnóstico, que entienden su condición y, a partir de ahí, son capaces de enfrentar el mundo de una manera distinta.

Hablemos de decirle a nuestro hijo que ser diferente está bien.

¿Contarle o no contarle a nuestro hijo sobre su diagnóstico?

Mira, siento que esta pregunta surge después de la gran incertidumbre de muchos padres sobre el futuro de sus hijos: ¿Tendrá una vida normal? ¿Podrá desarrollarse con éxito?

Generalmente, esta pregunta aparece cuando el niño ya tiene cierta edad. No suele preocuparles cuando son muy pequeños, por ejemplo, a los tres o cuatro años. Pero llega un momento en el que, como mamá, te das cuenta de que tu hijo está luchando por encajar, que le cuesta cosas que para otros niños son sencillas y que se da cuenta de que es diferente.

Algo que siempre les explico a los padres es que, en la mente de un niño, aquello que no tiene explicación será rellenado con una interpretación propia. El cerebro humano busca completar los vacíos.

¿Cuál es el primer recurso de los niños? La fantasía. Suelen inventar explicaciones que pueden parecer mágicas o irreales.

Pero el segundo recurso—y el menos beneficioso—es pensar que hay algo mal con ellos. Surgen pensamientos como:

«Algo me está sucediendo.»

«Estoy mal.»

«Estoy roto.»

«No soy normal.»

Ponle cualquier calificativo que podría pasarse por la cabeza de un niño.

La experiencia con los niños y adolescentes que entienden su diagnóstico es variada. Algunos preguntan directamente: «¿Qué me pasa? ¿Por qué soy diferente?»

Cuando empiezan a hacer esa pregunta, es el momento ideal para hablar con ellos, explicarles su diagnóstico y ayudarles a comprender su condición. Sea autismo, déficit de atención, dislexia o cualquier otra condición, si un niño tiene la capacidad de notar que procesa el mundo de manera diferente, tiene derecho a saberlo.

¿Cómo afecta esto a su autoestima?

Sé que como madre puedes tener miedo. En consulta, muchas mamás me preguntan si esto les brindará seguridad o si, por el contrario, afectará su autoestima.

La respuesta es clara: No tiene nada que ver con destruir su autoestima, sino con aceptar su identidad.

Esto parte de la base del autoconcepto. Si analizamos la construcción de la autoestima, veremos que se fundamenta en varios niveles:

Autoconocimiento: Saber quién soy.

Autoconcepto: Crear una idea clara sobre mí mismo.

Autovaloración: Darle un valor a mi identidad.

Autoestima: Apreciar quién soy.

Un niño no puede valorarse si antes no se conoce a sí mismo.

Por eso, cuando un niño tiene esta duda, es un llamado a los padres: «Dame información. Ayúdame a ordenar lo que siento. Necesito entenderme.»

Si te preguntas cuándo es el mejor momento, por lo general este proceso empieza a cobrar sentido alrededor de los 12 años. Pero podemos construirlo progresivamente desde la infancia.

La importancia de comprender su diagnóstico

Esto lo trabajo en consulta todo el tiempo. Tan importante como las habilidades sociales, el manejo de la atención, las adaptaciones escolares o la regulación de la conducta, es que los niños entiendan cómo funciona su mente.

Además, acompañar a los padres en este proceso es clave. Ayudar a mamás y papás como tú a comunicar esta información de forma positiva hace la diferencia.

Te lo cuento porque una mamá con herramientas es una mejor mamá.

Si quieres saber más sobre este proceso de consulta y asesoría para familias, escríbeme y te ayudaré a coordinar una reunión. No importa en qué parte del mundo estés, podemos conversar en línea y hacer que este proceso sea más sencillo tanto para ti como para tu hijo.

¿Cómo se sienten los niños cuando comprenden su diagnóstico?

Déjame contarte la historia de dos pequeños—bueno, ya no tan pequeños—que han sido clave para mí en el aprendizaje sobre cómo manejar esta situación.

Descubriendo cómo aprende un niño

Recuerdo la primera vez que trabajé con un niño con déficit de atención. Cuando llegó a mí, aún no teníamos idea de su diagnóstico. Sus padres acudieron en busca de orientación porque estaba teniendo muchos problemas en el colegio.

Hicimos toda la evaluación neuropsicológica y el perfil de habilidades. Era un niño realmente inteligente, capaz de aprender muchísimo, pero con serias dificultades para mantenerse sentado y prestar atención en clase. Además, tenía algunas fallas posturales y de grafomotricidad, por lo que copiar era una auténtica tortura para él.

Cuando entendí su perfil y se lo expliqué a su mamá, fue una revelación: «Esto es lo que está pasando.» Ya no era cuestión de mal comportamiento ni de caprichos. No se trataba de que no quisiera portarse bien, sino de que tenía una dificultad que requería apoyo.

El siguiente objetivo, antes de enfocarnos en ejercicios para mejorar la atención o enviarlo a terapia ocupacional, era explicarle cómo funciona su mente.

Le dije: «Tu cerebro aprende diferente. Lo que para tus compañeros es fácil, para ti es más complejo. No está bien ni mal, simplemente lo haces distinto. Lo importante es aprender estrategias que te ayuden.»

Él quería salir bien en el colegio, destacarse, hacerlo lo mejor posible.

Entender su diagnóstico cambia la perspectiva

Recuerdo un momento de gran frustración. Habíamos hablado sobre un examen que no pudo completar porque tuvo una semana muy complicada. A pesar de que había estudiado, no logró hacer todas las respuestas porque no pudo copiar toda la información de la clase.

Me dijo, con tristeza: «Es que yo no elegí que mi cerebro pensara diferente.»

En terapia habíamos pasado por el proceso de culparse por su comportamiento. Al principio, él creía que todo era su culpa. Poco a poco, logramos que comprendiera que su cerebro simplemente funciona diferente.

Le respondí: «Es cierto, tú no elegiste que tu cerebro pensara diferente. Pero así es, y vamos a ayudarlo a que logre lo mismo que tus compañeros, aunque de una manera distinta.»

Desde ese momento, todo cambió. Su actitud se volvió proactiva:

«Me está pasando esto, ¿cómo lo resuelvo? ¿Cómo lo soluciono?»

Ese deseo de comprender su diagnóstico y aprender estrategias ha marcado una diferencia enorme en su evolución.

Otra historia: una niña con dislexia

Este mismo proceso lo viví con una niña con dislexia. También tenía dificultades para prestar atención, pero no por un déficit clínicamente definido, sino porque el tema de la lectura y la escritura le resultaba muy complicado.

En el colegio no sabían de su condición, así que la evaluaban con las mismas exigencias que a sus compañeros.

El típico libro de lectura:

«Ma, me, mi, mo, mu. Pa, pe, pi, po, pu.»

Después, párrafos y más párrafos…

A pesar de que ella se esforzaba muchísimo, leer le costaba. Las letras le saltaban, se confundía, tenía dificultad con la discriminación fonológica y le costaba evocar el sonido asociado a cada letra.

Trabajamos en encontrar otras vías para que pudiera aprender.

Hoy, ha avanzado muchísimo en su dislexia y ya lee bastante bien. Estamos en el proceso de mejorar su comprensión lectora.

Adaptar el aprendizaje a su perfil

Además de su dislexia, esta niña tenía un bajo nivel de alerta, lo que hacía que le costara aún más prestar atención en clase y copiar información.

Aquí fue clave el apoyo de los terapeutas ocupacionales, quienes analizaron su perfil sensorial y de procesamiento.

Cuando comprendí esto, le pregunté cómo estudiaba en casa.

Me respondió: «Mi mamá me sienta, repasamos y escribimos una y otra vez.»

Pero me contó que peleaba mucho con su mamá porque se le olvidaba lo que estudiaba y le frustraba no recordar.

Fue entonces cuando probamos una nueva estrategia en consulta.

Hicimos ensayos de diferentes formas de estudiar y ella dijo algo que me hizo click:

«Cuando estoy caminando, me acuerdo más rápido de las cosas.»

Decidimos usar eso a nuestro favor.

En lugar de pedirle que se quedara sentada, le dije: «Párate, camina como quieras, y yo te iré diciendo las cosas.»

Colocamos las palabras en una pizarra grande para facilitar su discriminación visual, y entonces me sorprendió:

«¡Wow! Me lo aprendí rápido.»

Le expliqué: «Tu cerebro piensa distinto, procesa distinto. Para ti no funciona quedarte sentada frente a un cuaderno con letras pequeñas y repetirlas una y otra vez. Tú necesitas letras grandes y movimiento.»

Hicimos una lista de cómo su cerebro aprende, con dibujos y esquemas.

Cuando salió de la consulta, se lo mostró a su mamá y le dijo con emoción:

«¡Mamá, esto es lo que vamos a hacer! Así quiero estudiar, así puedo aprender.»

Empoderar a los niños sobre su aprendizaje

El nivel de empoderamiento que tuvo esa niña sobre su proceso de aprendizaje fue increíble.

Ya sabía cómo aprende, y aunque es consciente de sus dificultades, tiene estrategias para adaptarse.

Esto es vital porque el sistema educativo prioriza la lectura y la escritura desde las 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde. Son pocas las actividades que permiten otro tipo de aprendizaje como el movimiento o las artes plásticas.

Pero el hecho de que ella comprendiera cómo adaptar la lectura y la escritura a su esquema de aprendizaje ha sido clave en su evolución.

La importancia de explicarle a tu hijo su diagnóstico

Ha sido un cambio absolutamente radical.

Recuerdo que fuimos al colegio y la mamá me dijo: «Vamos a explicarlo.»

Desde ese momento, el rendimiento de la niña y su manera de asumir sus estudios han cambiado por completo.

¿Por qué es importante que tu hijo conozca su diagnóstico?

Porque sí, es importante. Si tiene la capacidad de comprenderlo, vamos a decírselo.

Vamos a hacer que participe en su propio proceso de evolución, en lugar de verlo como un ente pasivo que solo recibe terapia tras terapia sin entender por qué.

El conocimiento le da sentido a lo que está viviendo. Y cuando un ser humano encuentra sentido en lo que hace, su disposición mejora significativamente.

Por eso, hoy quiero compartir contigo cuatro estrategias para hablar con tu hijo sobre su condición y ayudarlo a sentirse seguro.

1. Usa un lenguaje sencillo y adecuado a su edad

La forma en que expliques su diagnóstico debe ser clara y comprensible.

Puedes decirle algo como:

«Tu cerebro funciona de una manera distinta. Eso significa que ves el mundo de una forma diferente a tus compañeros.»

Incluso, dependiendo de su edad y nivel de comprensión, mostrarle imágenes puede ayudarle a entenderlo mejor.

Los niños con autismo, déficit de atención o dislexia suelen procesar la información de forma más efectiva cuando pueden visualizar lo que les estás explicando.

Por ejemplo, podrías decirle:

«Los niños de tu edad suelen aprender sentándose y repitiendo. Tú, en cambio, necesitas caminar, brincar o manipular objetos para aprender. No es que esté bien o mal, simplemente aprendes distinto.»

2. Enfócate en sus fortalezas

Tal como hice con la niña de la historia anterior, resalta lo que él o ella hace bien.

Si es creativo, háblale sobre eso.

Si tiene una facilidad especial para aprender ciertos temas, ayúdalo a notar sus fortalezas.

Puedes hacerle preguntas como:

«¿Cómo te aprendiste esto tan rápido?»

«¿Cómo te resulta más fácil recordar las cosas?»

Una vez que identifiques lo que le funciona mejor, usa eso como base para desarrollar estrategias de aprendizaje que le ayuden en su día a día.

Investiga, vean blogs y recursos juntos. Hay muchísimas historias de personas con dislexia, autismo o déficit de atención que pueden ayudarle a verse reflejado en otras experiencias.

Saber que no está solo y que hay muchas personas como él puede marcar una gran diferencia en su confianza.

3. Fomenta una mentalidad de neurodiversidad desde una perspectiva positiva

Es clave que tu hijo entienda que ser diferente no significa que no pueda lograr sus objetivos.

Todos tenemos diferencias, y esas diferencias nos hacen únicos.

Enséñale sobre la diversidad en el mundo. Explícale que el respeto es la base de todas las interacciones.

Aquí entramos en temas importantes como:

Prevención del bullying

Autovaloración y autoestima

Autoprotección de su identidad

También es fundamental explicarle que no todas las personas comprenden la neurodiversidad.

No todos sus compañeros entenderán sus diferencias. Eso no significa que esté bien, pero sí es una realidad con la que tendrá que lidiar.

Por eso, necesita aprender formas de defenderse.

Poner límites

Alejarse de entornos donde sus diferencias no sean respetadas

No permitir que comentarios negativos lo afecten

Si te interesa profundizar en este tema, te invito a conocer mi grupo de habilidades sociales, donde trabajamos exactamente esto:

✅ Cómo defenderse de personas que no comprenden la neurodiversidad

✅ Cómo fortalecer su autoconfianza

✅ Cómo desarrollar herramientas sociales para enfrentar desafíos

Tengo un grupo para niños pequeños (de 6 a 9 años) y otro para adolescentes.

Generalmente, trato de compartir fotos del trabajo que hacemos, aunque no siempre es fácil porque estamos en plena dinámica de grupo.

Aun así, te invito a que revises lo que estamos haciendo.

4. Encuentra modelos positivos

Tal como mencioné antes, es importante que tu hijo vea historias de otras personas con condiciones similares.

Existen muchísimos recursos en internet sobre personas con dislexia, autismo o déficit de atención que han aprendido a manejar su condición y alcanzar sus metas.

Esto puede ayudarlo a comprender que:

🚀 No está solo

🚀 No es el único que enfrenta estos desafíos

🚀 Hay maneras de aprender y evolucionar a su propio ritmo

Tu contenido ahora tiene una estructura más clara y está listo para publicación. ¿Te gustaría que revisara algo más?

5. Encuentra modelos positivos

Existen muchos videos de personas con dislexia, déficit de atención y autismo que han aprendido a manejar su condición y alcanzar sus metas.

Algunos ejemplos incluyen:

Dislexia para niños 360º ¿Qué siente un niño con dislexia? → Un video educativo que ayuda a comprender cómo se siente un niño con dislexia y cómo afecta su aprendizaje. Puedes verlo aquí.

CÓMO SE SIENTE UN NIÑO CON DÉFICIT DE ATENCIÓN → Un taller que explica cómo los niños con TDAH, autismo o problemas de aprendizaje perciben el mundo. Puedes verlo aquí.

Tutorial de los primeros signos de los trastornos del espectro autista → Un video que muestra cómo identificar los primeros signos del autismo en niños pequeños. Puedes verlo aquí.

También hay historias inspiradoras de personas neurodiversas que han logrado grandes cosas en distintos ámbitos: deportistas, empresarios, artistas… seres humanos tan valiosos como tú y como yo, pero con una forma de procesar diferente.

Muéstrale a tu hijo estos casos de éxito para que vea que no está solo, que no es la única persona que enfrenta estos desafíos, y que hay muchas personas que han superado dificultades similares.

6. Valida sus emociones y experiencias

A veces, por querer protegerlos, minimizamos su experiencia.

Decimos cosas como:

«No te preocupes, no es nada.»

«No tienes por qué sentirte así.»

«No llores.»

Pero esto solo genera desconexión entre tu hijo y tú.

Si él siente que no lo entiendes, pensará:

«Me siento mal, esto se siente feo, pero mi mamá no me comprende.»

Cuando un niño atraviesa dificultades en el colegio, rechazo de sus compañeros o cualquier otra situación difícil, se siente mal.

Por eso, validar sus emociones es clave.

Puedes decirle frases como:

✅ «Sé que esto es difícil, está bien sentirte así. Aquí estoy para ayudarte.»

✅ «Eres valioso tal como eres.»

✅ «Puedes aprender a tu ritmo, solo tenemos que encontrar la mejor forma para ti.»

La manera en que tú le hables será la manera en que él se hable a sí mismo.

Si quieres profundizar en este tema, tengo otros videos sobre acompañamiento emocional y validación de emociones. Te dejaré el enlace para que puedas verlos y ampliar más sobre este tema.

7. Construye un círculo social seguro

Ayúdalo a vincularse con otros niños que sean compasivos y respetuosos.

Incluso, si es posible, con otros niños que tengan condiciones similares.

En mis grupos de habilidades sociales, todos los niños tienen autismo o déficit de atención. Aunque sus características son diferentes, todos son conscientes de su condición.

Esto les permite ver que otros también enfrentan dificultades, aunque no sean exactamente las mismas.

Aprenden a decirse:

«Oye, a mí no me cuesta eso, ven que yo te ayudo.»

Y así, practican la compasión por los demás y por sí mismos.

Ser compasivo no significa sentir lástima, sino comprender, no presionar, no exigirse de más y apoyar al otro.

También es importante incluirlo en grupos o actividades relacionadas con sus intereses.

Cuando un niño ve que sí tiene habilidades, que sí puede hacer cosas que le gustan, gana autonomía y confianza.

Esto impacta positivamente en su autoestima.

8. La confianza empieza contigo

La seguridad de tu hijo empieza con cómo tú confías en él y en su condición.

Tus palabras, tus acciones y tu amor pueden ayudarlo a construir una relación positiva con su identidad.

Si le transmites miedo o inseguridad, irá por la vida lamentándose porque no logra lo que cree que debería lograr.

Pero si le enseñas a respetar su ritmo, entender sus propias características y aprovecharlas, todo cambia.

La manera en que tú lo trates y le hables será el modelo que él usará para tratarse a sí mismo y a los demás.

Ser diferente no solo es válido, es parte de la vida.

Todos somos distintos en nuestras habilidades y desafíos, pero somos iguales en nuestro valor como personas.

Si llegaste hasta aquí, muchísimas gracias.

Recuerda que puedes contactarme si algo de esto te ha sido útil, si te resuena o si quieres saber más sobre mi consulta.

No importa en qué parte del mundo estés para coordinar tu cita conmigo.

Si quieres saber más sobre mis grupos de habilidades sociales, talleres y cursos, entra a PsicoFormando.com.

Comparte esto con alguna mamá que sabes que lo necesita.

¡Gracias por estar aquí hasta el final! Nos vemos muy pronto en el próximo blog.

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