¿Por qué tu adolescente parece otro? Intensamente 2 explica lo que pasa en su cerebro

Después de 19 años ejerciendo la carrera de psicología y, desde el principio, trabajando con adolescentes, ahora como madre de un adolescente puedo afirmar que una de las cosas más desafiantes ha sido aprender a lidiar con los cambios que enfrentan en esta etapa. No sé si los adolescentes son quienes más sufren estos cambios o somos los padres quienes llevamos la carga más pesada, pero es un periodo lleno de caras malhumoradas sin aparente razón, respuestas intensas que sorprenden, pensamientos catastróficos que parecen aparecer de la nada y, por supuesto, una ansiedad que afecta no solo a ellos, sino también a la familia entera.

El objetivo de este video no es solo seguir hablando de habilidades sociales, orientación vocacional o control de emociones—temas que ya he tratado—sino profundizar en lo que sucede en el cerebro del adolescente. Mi intención es que tú, como padre, puedas entender mejor lo que está atravesando tu hijo. Estoy convencida de que, mientras más informados y formados estemos como padres, mejores herramientas tendremos para la crianza. Al final, nuestros hijos merecen lo mejor de nosotros.

Para lograr esto, quiero aprovechar la hermosa metáfora de la transición a la adolescencia presentada en la película Intensamente 2 (Inside Out 2). Aunque esta película tiene ya tiempo y hay muchos análisis en redes, sentí que era fundamental abordar el tema desde PsicoFormando, no solo con una visión psicológica, sino también neuropsicológica. Tranquilo, no voy a hacer spoilers, porque la película salió hace rato. Hoy hablaremos sobre la formación de identidad, la reestructuración neuronal, la aparición de nuevas emociones, la ansiedad que esto conlleva y cómo todo esto transforma a nuestros hijos adolescentes.

Uno de los temas centrales de la película es cómo se forma la identidad. Este proceso comienza en la infancia, pero se consolida en la adolescencia. En el caso del personaje principal, Riley, observamos cómo su identidad se expande y se cuestiona a través de nuevas experiencias. La identidad, o lo que en psicología llamamos el autoconcepto, se construye a partir de las creencias que tenemos sobre nosotros mismos. Estas creencias regulan nuestra conducta.

Por ejemplo, en una escena, Riley ayuda inmediatamente a una compañera que deja caer su tarea, porque una de sus creencias fundamentales es: «Soy una buena amiga». Este tipo de creencias se forman desde la infancia a través del modelaje. Como Albert Bandura señalaba, aprendemos observando a los demás. Lo que los padres decimos y hacemos impacta directamente en la identidad de nuestros hijos.

Durante la niñez, estas creencias suelen ser absolutas y poco cuestionadas. En la adolescencia, sin embargo, estas ideas comienzan a flexibilizarse, se cuestionan y evolucionan. En la película vemos cómo Riley enfrenta estas transformaciones debido a las exigencias sociales, familiares y escolares que aumentan durante esta etapa.

El cerebro del adolescente pasa por una transformación significativa, un proceso maravillosamente representado en la película mediante la demolición del centro de control de Riley. Esto ilustra el proceso de poda neuronal, en el que el cerebro elimina conexiones innecesarias para fortalecer aquellas que son útiles. Es por esto que se dice que los niños aprenden más fácilmente en la infancia, ya que tienen el doble de conexiones neuronales que se van refinando con el tiempo.

En la adolescencia, el cerebro empieza a consolidar estructuras clave, como la corteza prefrontal, que regula el control de la conducta, la planificación, la organización y las funciones ejecutivas. Este proceso explica por qué los adolescentes pueden ser más impulsivos y emocionales.

Otro tema relevante es la aparición de nuevas emociones y el pensamiento metacognitivo, es decir, la capacidad de reflexionar sobre lo que sentimos y pensamos. Esto no ocurre en la infancia, pero comienza a desarrollarse en la adolescencia, marcando una etapa crucial en la transición hacia la adultez.

La película ilustra cómo Riley no solo experimenta emociones como alegría, tristeza, miedo o enojo, sino que ahora las analiza y razona sobre ellas. Este desarrollo, aunque desafiante, es esencial para que nuestros hijos se conviertan en adultos mejor adaptados y capaces de enfrentar las responsabilidades de la vida.

La película Intensamente 2 nos presenta un concepto interesante: cómo dos emociones pueden coexistir en una misma experiencia. Las emociones básicas, como respuestas automáticas, abren la puerta al análisis sobre cómo evolucionan hacia sentimientos más complejos que incluyen una interpretación cognitiva de las vivencias. Es aquí donde aparecen nuevas emociones como la vergüenza, la envidia, el aburrimiento y, por supuesto, una de las protagonistas de la película: la ansiedad.

La representación de la ansiedad en esta película es magistral. Se presenta como un personaje que irrumpe con intensidad, cargando consigo un sinfín de maletas que simbolizan el peso emocional que trae sobre el adolescente. La ansiedad se desarrolla en el momento en que el adolescente comienza a darse cuenta de que sus respuestas infantiles ya no son suficientes frente a las crecientes demandas sociales. Esto lo vivimos claramente con Riley, quien enfrenta un cambio de colegio, amigas que se mudan y una serie de situaciones que la hacen sentir fuera de control, dando paso a esta emoción.

Cuando el entorno del adolescente comienza a experimentar demasiados cambios, aunque la vida parezca estable, aparecen circunstancias novedosas que pueden desencadenar ansiedad. Esto se intensifica si el adolescente tiene alguna condición de neurodesarrollo que dificulte adaptarse a estas novedades. Lisa Feldman Barrett, una neuropsicóloga destacada, explica que las emociones no son respuestas fijas, sino construcciones basadas en la experiencia y el contexto social. Por ello, las emociones básicas evolucionan hacia respuestas más complejas conforme el cerebro madura y se enfrentan nuevas situaciones.

La ansiedad frecuentemente surge como respuesta a la incertidumbre y a las expectativas sociales que rodean al adolescente. Esta necesidad de control puede tener su origen en dos factores principales:

  1. Patrones de afrontamiento aprendidos en la infancia: La manera en que el niño ha manejado sus emociones previamente influye directamente en su respuesta actual.
  2. Modelos parentales: Cómo los adultos significativos (madres, padres o cuidadores) gestionan sus propias emociones también impacta en la capacidad del adolescente para regularlas. Si los adultos reprimen, explotan o gestionan inadecuadamente emociones como el estrés, la ansiedad o la alegría, los hijos tenderán a replicar estos patrones.

En la película, el personaje de Ansiedad busca controlar todo, apartando a las demás emociones para tomar el mando. Esto refleja la búsqueda de seguridad en medio del caos interno del adolescente. Un momento crucial ocurre cuando Ansiedad encierra a todas las emociones en un frasco gigante, clasificándolas como «emociones reprimidas». Esta escena ilustra cómo el adolescente, al intentar responder adecuadamente a las expectativas sociales, puede comenzar a reprimir emociones en lugar de gestionarlas, lo cual puede generar síntomas físicos como dolores de cabeza, insomnio o malestar estomacal.

Es importante destacar que las emociones no desaparecen; siempre buscan satisfacer necesidades básicas. Por ejemplo, el miedo impulsa a la defensa, la alegría invita a repetir experiencias positivas y la tristeza permite reflexionar y procesar. Reprimir estas emociones, en lugar de expresarlas, puede obstaculizar el desarrollo emocional del adolescente.

En terapia con adolescentes, el pensamiento catastrófico se presenta como un factor común, capaz de persistir hasta la adultez si no se aborda a tiempo. Este tipo de pensamiento implica imaginar el peor escenario posible sin cuestionarlo. En la adolescencia, el desarrollo del pensamiento abstracto amplifica estas preocupaciones, como se muestra en la película con «Imaginalandia».

En Intensamente 2, Imaginalandia, que en la primera película era un espacio lleno de creatividad, ahora es controlada por Ansiedad, cuyos trabajadores se dedican a crear los peores escenarios posibles. Esto desemboca en reacciones emocionales exageradas. Riley teme ser rechazada por sus amigas, fallar en el partido y quedarse completamente sola, todo esto impulsado por experiencias previas de pérdida y dolor.

Las claves de contexto—que son los elementos de una situación que recuerdan al adolescente algo vivido anteriormente—juegan un papel importante en la construcción del pensamiento catastrófico. En el caso de Riley, el proceso de mudanza y la separación de sus amigos la marcan profundamente, lo que genera que Ansiedad intente protegerla de revivir esos sentimientos de soledad.

Este fenómeno, que Riley experimenta en la película, también se refleja en muchos adolescentes en la vida real, quienes pueden imaginar que no son suficientes o que no alcanzarán las expectativas de su entorno, alimentando un ciclo de preocupación y autoexigencia.

Es común que los adolescentes enfrenten escenarios de rechazo y exclusión, lo que puede desencadenar conductas caóticas. Sin embargo, estas son intentos de evitar situaciones dolorosas, como la vergüenza, la soledad o la exposición. Por ejemplo, tuve un caso con un niño que sufría bullying en su colegio. A pesar de los esfuerzos de su madre, la institución educativa no brindaba el apoyo necesario para que el grupo de compañeros cambiara su conducta de exclusión.

Este niño tenía un amigo en otro grado, un vínculo tan significativo que, al proponerle cambiarse de colegio para buscar un entorno más favorable, su miedo fue enorme. Decía: «No puedo hacerlo», porque pensaba que no lograría hacer nuevos amigos. Su experiencia de rechazo y exclusión en su salón le hacía creer que esto se repetiría en cualquier otro lugar. Este pensamiento catastrófico es similar a lo que Riley enfrenta en la película Intensamente 2, donde imagina escenarios negativos—perder el campeonato, ser rechazada por sus amigas, quedarse completamente sola—amplificando su ansiedad.

Una de las habilidades esenciales para los adolescentes es aprender a centrarse en el presente y regular las sensaciones de ansiedad en su cuerpo. Esto les permitirá afrontar las exigencias reales de su entorno. En terapia, trabajo con ellos precisamente en desarrollar estas herramientas, las mismas que enseño en los cursos de habilidades sociales. En tanto los adolescentes cuentan con recursos prácticos, se sienten más seguros y capaces.

Además, los padres también pueden formarse en estrategias para ayudar a sus hijos a gestionar estas emociones. Por eso, ofrezco un curso para padres sobre manejo de emociones, y próximamente uno específico para la adolescencia. En estos programas, proporciono herramientas para apoyar al adolescente en la expresión saludable de sus emociones, evitando que en la adultez necesite resolver problemas emocionales acumulados.

Para cerrar, quiero hablar sobre las «islas de identidad», un concepto que la película presenta al final y que refleja cómo se construye el yo. Desde la infancia, nuestras creencias, representadas por hilos azules en la película, empiezan a nutrirse de nuevos pensamientos y emociones en la adolescencia. Aunque en esta etapa pueden parecer más desorganizadas, eventualmente se integran en un nudo multicolor y mucho más grande, que representa una nueva identidad.

La identidad no es estática; cambia con las experiencias, las personas que conocemos y las situaciones que vivimos. Mientras más experiencias positivas acumulamos, mayor será nuestra autoestima. En la película, las islas de identidad, como la de la familia y la de los amigos, simbolizan esta evolución. Es notable cómo la isla de los amigos se vuelve gigante en comparación con la de la familia, reflejando la importancia de los grupos sociales y el sentido de pertenencia en la adolescencia.

La teoría de la identidad social explica que los adolescentes buscan grupos que refuercen su identidad. Los gustos musicales, las tendencias de moda y las preferencias reflejan un intento de definir quiénes son. En esta etapa, la influencia de los amigos se vuelve crucial.

Como padres, no debemos angustiarnos demasiado por este enfoque en los amigos, a menos que se trate de situaciones extremas. Más bien, podemos procurar rodearlos de grupos sociales positivos. Nosotros elegimos el colegio, las academias deportivas y otros ambientes donde se desarrollan. Reflexiona sobre cómo puedes ayudar a tu hijo a integrarse en entornos saludables y, al mismo tiempo, fomenta su aprendizaje de habilidades sociales. Es fundamental que tengan el espacio y la formación necesaria para enfrentar los desafíos por sí mismos, sin que resolvamos todo por ellos.

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