¿Tu hijo está teniendo dificultades en el colegio? ¿Le cuesta mantenerse quieto, quedarse sentado o seguir las instrucciones de la maestra? Tal vez, cuando lo llaman, no siempre atiende, no termina las actividades, dice cosas fuera de lugar o tiene problemas con los amiguitos en el recreo. Puede que incluso te diga: «Mamá, los niños no juegan conmigo».
La maestra te llamó y te dijo: «Mire, mamá, aquí tenemos que hacer algo. El niño está demasiado distraído, demasiado inquieto», y menciona términos como «déficit de atención». Pero luego también comenta que se aísla en el recreo y te dice: «Podría ser autismo». Y tú piensas: «¿Qué? ¿Déficit de atención o autismo? ¿Cómo es posible? ¿No es suficiente con uno? ¿También van a ser los dos?»
Sé que esta incertidumbre puede ser agotadora. Ver a tu hijo esforzarse por cumplir con las tareas, hacer amiguitos y salir adelante, sin saber qué le está pasando ni cómo ayudarlo, es una situación muy difícil.
Claridad sobre los diagnósticos
Voy a ser directa: el déficit de atención (TDAH) y el autismo son diagnósticos distintos, pero también pueden coexistir. Tal vez esto no sea lo que querías escuchar, y no estoy aquí para pintarte un mundo de arcoíris y unicornios. Si tu hijo está mostrando signos de ambas condiciones, lo que necesitas hacer es actuar de inmediato, porque él necesita apoyos ya mismo.
Este video es para explicarte cómo identificar estos signos y qué hacer. Si crees que esto no es relevante para tu hijo, tal vez este no sea el contenido para ti. Sin embargo, si resuena contigo, si necesitas aclarar tus dudas, diferenciar entre una condición y otra, o temes que puedan ser ambas, aquí te explicaré todo lo que necesitas saber.
Acompáñame hasta el final
Además, al final del video te compartiré algunas herramientas prácticas que puedes empezar a usar, incluso si todavía no tienes un diagnóstico. La clave está en entender lo que ocurre, actuar con rapidez y brindarle a tu hijo el apoyo que necesita para enfrentar estas dificultades.
Déficit de atención y autismo: entendiendo su relación
¿Sabías que el déficit de atención (TDAH) es el trastorno que con mayor frecuencia acompaña al autismo? Según algunos estudios, entre el 40% y el 70% de las personas con autismo también presentan criterios suficientes para un diagnóstico de déficit de atención. Además, revisiones científicas han encontrado que cerca del 25% de las personas diagnosticadas con TDAH muestran características asociadas al autismo.
¿Qué significa esto? Más allá de las cifras y de si tu hijo está dentro de estas estadísticas, es fundamental entender que no es raro que un niño tenga características de ambas condiciones. Comprender cómo se relacionan puede marcar la diferencia en los apoyos y recursos que brindes, permitiéndole enfrentar las dificultades que se le presentan.
Trastornos del neurodesarrollo: una configuración cerebral diferente
El déficit de atención y el autismo son trastornos del neurodesarrollo, es decir, cualquier alteración que no esté acorde con lo establecido como un desarrollo neurológico típico. Dentro de esta categoría, existen otros trastornos como los del lenguaje, intelectuales, motores, específicos del aprendizaje (dislexia, discalculia, disgrafía) y trastornos de base o procesamiento sensoriales.
Estos diagnósticos están asociados a una configuración cerebral distinta, con inmadurez en ciertas áreas. Por tanto, es común que compartan signos entre sí. ¿De qué depende establecer uno u otro diagnóstico? De la cantidad de signos relacionados con cada condición, así como de la intensidad y frecuencia de estos.
Cuando se evalúa a un niño, es imprescindible realizar una exploración amplia. No basta con identificar unos cuantos signos o conductas para establecer un diagnóstico. Por eso, cuando la maestra o un especialista que no sea un neuropediatra o psicólogo del desarrollo menciona términos como déficit de atención o autismo, simplemente está señalando que las conductas del niño pueden asemejarse a estas condiciones. Sin embargo, no están ofreciendo un diagnóstico definitivo.
La importancia de acudir a un especialista
Si detectas señales de alarma o «banderas rojas» en el comportamiento de tu hijo, lo mejor que puedes hacer es acudir a un especialista para una evaluación completa. Como mencioné antes, los trastornos del neurodesarrollo se caracterizan por inmadurez en ciertas áreas del cerebro.
En el caso del déficit de atención, las áreas afectadas están vinculadas al control de la conducta y la atención. En el autismo, por otro lado, las áreas inmaduras están relacionadas con el lenguaje y la comunicación social. No obstante, ambas condiciones comparten alteraciones en el procesamiento sensorial, aunque se manifiesten de formas distintas. Esta base sensorial compartida explica por qué es tan frecuente que ambas condiciones aparezcan juntas, ya que están relacionadas con redes neuronales afectadas e inmaduras.
Similitudes y diferencias entre el déficit de atención y el autismo
Existen similitudes entre el déficit de atención (TDAH) y el autismo que pueden generar confusión, pero es importante entender las diferencias. Ambas condiciones afectan la atención, las funciones ejecutivas y el comportamiento social. Vamos a explicarlo.
Fallas de atención
En el caso del TDAH, las fallas de atención están relacionadas con la dificultad del niño para centrarse en un solo estímulo. Esto ocurre porque presta demasiada atención a todo lo que sucede a su alrededor, e incluso a lo que pasa dentro de su cabeza. Es como si no lograra «bajarle el volumen» a algunos estímulos para concentrarse solo en uno. Todo llama su atención de igual forma, haciendo que salte de un estímulo a otro: lo que ocurre aquí, el comentario de su compañero, lo que dice la maestra, alguien pasando por el pasillo, etc.
Además, en el TDAH existe una característica llamada hiperfoco. Aunque también se considera una falla de atención, el niño puede concentrarse tanto en una sola cosa que se olvida de todo lo demás que ocurre a su alrededor. Como resultado, se pierde de muchos elementos relevantes que necesitaba atender.
En el autismo, el hiperfoco también está presente, pero tiene una naturaleza distinta. En este caso, la falla de atención está relacionada directamente con intereses restringidos. La persona presta atención exclusivamente a aquello que le interesa y no se distrae con otros estímulos, conversaciones o enseñanzas, aunque le estén llamando. Este interés restringido se vuelve el centro de su atención y no hay forma de sacarla de él.
Diferencia clave en la atención
Aunque ambas condiciones presentan hiperfoco, en el TDAH se trata de una dificultad para alternar o concentrar la atención globalmente, mientras que en el autismo está más asociado a intereses específicos y restringidos.
Funciones ejecutivas y planificación de la conducta
Otra similitud entre ambas condiciones está en las dificultades relacionadas con las funciones ejecutivas, especialmente en la planificación de la conducta. Las personas que presentan TDAH o autismo pueden tener problemas para prever acciones o planificar sus actividades. Esto impacta en su capacidad de organizarse y llevar a cabo tareas que requieren secuencia y anticipación.
Déficit de atención y autismo: similitudes, diferencias y señales para identificar
Las consecuencias del comportamiento pueden tener un gran impacto en las interacciones sociales, y tanto el déficit de atención (TDAH) como el autismo presentan características que afectan este ámbito. Es importante entender las similitudes y diferencias entre ambas condiciones para identificarlas correctamente.
El impacto en el comportamiento social
En el caso del autismo, la dificultad está frecuentemente asociada a la incapacidad de interpretar el lenguaje no verbal. Esto incluye no captar señales como gestos, expresiones faciales o tonos de voz, los cuales aportan información crucial durante la comunicación. Por otro lado, en el TDAH, el desafío suele ser la falta de control sobre la conducta: decir lo que piensan, cómo lo piensan, sin filtros ni consideración de cómo esto puede afectar al otro.
Un niño con TDAH puede aprender a identificar señales sociales si lo entrenas para ello, pero muchas veces no se detiene a procesarlas y simplemente actúa impulsivamente. En ambas condiciones, este tipo de conductas impulsivas, como hablar sin filtro, pueden ocurrir, lo que explica por qué a menudo parecen similares.
La impulsividad en el TDAH
El TDAH se caracteriza por tres formas principales: inatento, hiperactivo-impulsivo y mixto.
- Inatento: El niño tiene dificultad para prestar atención a una sola cosa y se distrae fácilmente.
- Hiperactivo-impulsivo: Hay problemas para regular la conducta; el niño está en constante movimiento, haciendo todo de manera rápida y sin concentrarse.
- Mixto: Combina características de ambas formas.
Esta necesidad de movimiento en el TDAH puede confundirse con los patrones repetitivos de conducta en el autismo, como las estereotipias. Sin embargo, son dos cosas diferentes.
Diferencia entre hiperactividad y estereotipias
Una estereotipia es un movimiento repetitivo que no tiene un propósito aparente, como aleteo, balanceo o deambular. Este movimiento es constante y siempre el mismo. En cambio, en el TDAH, el comportamiento es más desordenado y varía constantemente: el niño puede subirse, sentarse, pararse, moverse sin un patrón definido. Aunque desde una perspectiva externa puedan parecer similares, no lo son.
Clasificación de los signos clínicos
Al identificar las diferencias entre el TDAH y el autismo, es clave observar los siguientes puntos:
- Déficit de atención (TDAH): Las dificultades principales están en la inatención, la hiperactividad y la impulsividad.
- Autismo: Las dificultades están en la comunicación y la interacción social, junto con patrones repetitivos de comportamiento e intereses restringidos.
Aunque los síntomas puedan parecerse, ambas condiciones tienen características distintivas. Un niño podría mostrar inatención no porque se distraiga, sino porque no comprende los estímulos sociales, como ocurre en el autismo.
Déficit de atención y autismo: la importancia de una evaluación exhaustiva
Una de las dificultades que enfrentan los niños con autismo o déficit de atención (TDAH) es la dinámica social. En el caso del autismo, la inatención puede estar relacionada con la dificultad para concentrarse en los códigos sociales y las conversaciones que ocurren en el momento. En el TDAH, la inatención está más vinculada a la incapacidad de enfocarse en una sola cosa debido a la sobrecarga de estímulos internos y externos.
Por esta razón, en mi consulta, tanto presencial como en línea, realizamos evaluaciones exhaustivas. Trabajo en equipo con otros profesionales, como neuropediatras, terapeutas ocupacionales y terapeutas de lenguaje, para analizar el origen sensorial, motor y comunicativo de cada niño. Esto nos permite identificar si se trata de TDAH, autismo o una combinación de ambas condiciones.
La importancia de un diagnóstico riguroso
Si un especialista solo realiza una entrevista de 20 minutos, observa al niño durante la conversación y te entrega un informe con un diagnóstico definitivo en poco tiempo, te recomiendo buscar otra opinión. Es imposible evaluar algo tan complejo en 45 minutos. Lo que te pueden ofrecer en ese tiempo son signos de alarma o sospechas, pero no un diagnóstico definitivo.
Para obtener una respuesta adecuada, acude a un especialista en neurodesarrollo. Un diagnóstico completo requiere un análisis detallado de las características y comportamientos del niño, y debe ser respaldado por una evaluación profesional integral.
Cómo el TDAH y el autismo afectan al niño
Un niño con TDAH y autismo puede tener dificultades en clase para concentrarse, atender instrucciones o interactuar con sus compañeros. Estos desafíos suelen reflejarse en los informes de los maestros, quienes pueden señalar problemas durante el recreo, al jugar con otros niños, al seguir las instrucciones o al terminar las actividades. Esto puede llevar a frustración excesiva, llantos, berrinches o pataletas.
El niño puede sentirse frustrado porque las expectativas sociales son muy altas o porque no entiende lo que se le pide. También podría frustrarse porque las cosas no suceden como él desea, lo que provoca irritabilidad. Por otro lado, puede tener problemas para mantenerse sentado durante mucho tiempo o para seguir el hilo de la clase, interrumpiendo constantemente o levantándose. Estas conductas pueden deberse a que está abrumado por la cantidad de estímulos que recibe y necesita regularse.
Preferencias y rigidez en las rutinas
Es común que estos niños prefieran jugar solos o con objetos específicos en lugar de interactuar con otros. También pueden insistir en seguir rutinas rígidas y molestarse mucho si hay algún cambio no anticipado. Aunque esto se asocia con autismo, es importante considerar que un niño con TDAH podría no haberse dado cuenta del cambio, lo que lo lleva a frustrarse porque no entendió cuándo ocurrió.
Dificultades en la interacción social
Otra área afectada es la interacción social con otros niños. Pueden tener problemas para entender las bromas, los comentarios, las señales no verbales o lo que necesitan hacer para integrarse al grupo. Esto puede llevar a que parezcan distantes o incluso disruptivos.
Asesoría y apoyo
Si tienes dudas sobre las características y comportamientos de tu hijo, busca asesoría de especialistas. Si necesitas apoyo, recuerda que puedes contactarme a través de mis redes para coordinar una cita y conversar sobre el caso específico de tu hijo. Estoy aquí para ayudarte a aclarar dudas y brindar herramientas que faciliten su desarrollo.
Cómo apoyar a tu hijo con posibles dificultades del neurodesarrollo
Si lo que hemos hablado hoy resuena contigo y crees que se parece a lo que está viviendo tu hijo o hija, lo primero que debes hacer es buscar una evaluación con un profesional especializado en neurodesarrollo. No todos los neurólogos o psicólogos están capacitados en autismo o déficit de atención. Por eso, es importante encontrar a un especialista en este campo que pueda realizar una evaluación completa.
Mientras más temprano identifiquemos la causa del comportamiento—ya sea una o ambas condiciones—más pronto podemos intervenir y brindarle el apoyo que necesita. Además, el apoyo familiar es crucial. Habla con las personas a tu alrededor: papá, abuelos, tías. Construye un entorno donde todos estén alineados para brindar el soporte que el niño necesita, sumando este esfuerzo al trabajo de la escuela y los terapeutas. Una estrategia articulada hará más sencillo el camino para tu hijo.
Cuatro estrategias clave para ayudar a tu hijo
Incluso si todavía no tienes un diagnóstico definitivo, puedes empezar a implementar estas cuatro estrategias desde hoy:
- Crea una rutina bien estructurada: Anticípale a tu hijo qué va a pasar, cuándo sucederá, cómo ocurrirá y qué se espera de él. Brindarle esta información reducirá su ansiedad y mejorará su atención.
- Utiliza apoyos visuales: Los niños, tanto dentro del espectro como con déficit de atención, procesan mejor la información visual porque es estable y más clara que el lenguaje hablado, que puede variar en tono o velocidad. Usa imágenes o gráficos para explicar la rutina del día, los pasos de una tarea o lo que esperas que haga.
- Permite que se mueva para autorregularse: Si tu hijo necesita moverse para regularse, permítele hacerlo antes de sentarse a estudiar, escribir o enfrentarse a una actividad prolongada. Utiliza juguetes sensoriales para ayudarlo a procesar sus emociones. Con frecuencia, el movimiento y las estrategias sensoriales pueden marcar una gran diferencia.
- Mantén la calma y enfócate en lo importante: Aunque puede ser angustiante y confuso no entender lo que le sucede a tu hijo, es vital mantener la calma. Formarte e informarte será la clave para tener las herramientas necesarias para acompañarlo y apoyarlo en este proceso.
Busca apoyo para ti también
Si te sientes abrumada por el diagnóstico o las dificultades de tu hijo, recuerda que buscar ayuda para ti misma es igual de importante. Cuando una madre está regulada, atendida y calmada, puede ofrecer un mejor soporte. Si necesitas estrategias específicas para tu hijo, acude a un especialista que pueda brindártelas. Si no tienes acceso a uno, contáctame a través de mis redes. No importa en qué parte del mundo te encuentres; puedes escribirme un correo o un mensaje directo. Con gusto coordinaremos una cita para asesorarte sobre los pasos a seguir y cómo darle a tu hijo los recursos que necesita.
Reflexión final
Quiero que te lleves esto del video: si notas que una, dos o tres cosas de las que hablamos hoy se parecen a lo que está pasando con tu hijo, busca ayuda. No lo postergues. Sé que da miedo pensar que tu hijo podría tener una o ambas condiciones, pero cuanto más pronto intervengas, mejores resultados obtendrás.
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Gracias por acompañarme hasta el final y por hacer todo lo posible para apoyar a tu hijo.