Las mamás también vamos a terapia

Siempre hablo en los vídeos sobre los niños, los adolescentes, las dificultades que pueden surgir en la crianza o cómo manejar ciertas conductas. Naturalmente, enfocar la atención en las necesidades de nuestros hijos es lo que tú, como mamá, buscas cuando tienes un hijo de alta demanda o simplemente deseas herramientas para desempeñar este trabajo de mamá lo mejor posible.

Sin embargo, precisamente porque estás aquí buscando respuestas, quiero hablarte de algo igual de importante: tú. Tu bienestar emocional, físico y psicológico es tan esencial como el de tu hijo.

¿Por qué las mamás necesitamos cuidarnos?

Las mamás no solo necesitamos descanso. También necesitamos entretenimiento, diversión, compañía y, sobre todo, un espacio seguro para expresarnos y sanar lo que nos afecta.

¿Por qué vivimos sintiéndonos culpables?
¿Te ha pasado sentir culpa cuando estás trabajando porque no pasas suficiente tiempo de calidad con tu hijo? ¿O sentirte culpable porque, mientras haces los quehaceres del hogar, tu hijo pasa demasiado tiempo jugando videojuegos?

Y peor aún, cuando finalmente dedicas tiempo para ti—descansar, conversar con una amiga o ver algo en la televisión—sientes culpa porque tienes en la cabeza toda esa lista interminable de pendientes.

La culpa: nuestra fiel acompañante

La culpa nos persigue especialmente cuando intentamos practicar una crianza respetuosa. Cuando leemos sobre el manejo de emociones, el autocontrol y el modelaje de comportamientos, los momentos en los que perdemos el control nos llevan directamente a cuestionarnos: “¿Lo estaré haciendo mal?”

La realidad es que ser mamá puede ser agotador. Sin embargo, hay un aspecto que muchas veces pasamos por alto:

Somos piezas fundamentales en la vida de nuestros hijos y de nuestra familia. Si no estamos bien, el funcionamiento de todo el sistema familiar se ve afectado.

¿Por qué perdemos el control?

Para entender por qué nos desbordamos emocionalmente como adultos, debemos analizar el origen. Muchas veces, se activa un “piloto automático” que aprendimos en nuestra infancia.

Este piloto automático nos lleva a utilizar estrategias como:

  • Premios y castigos para manipular la conducta.
  • Palabras fuertes o descalificaciones.
  • Hacer que nuestros hijos pasen vergüenza para “corregirlos”.
  • Incluso, recurrir a la famosa “nalgada a tiempo”.

¿Funciona este enfoque? Sí, por supuesto que funciona… pero tiene un precio.

Controlar la conducta de esta manera puede formar individuos inseguros, con dificultades para manejar sus emociones y tomar decisiones autónomas sobre su valor o capacidades. Esto ocurre porque no desarrollan un apego seguro.

Cuando nos convertimos en adultos que repiten estos patrones en la crianza, podemos perpetuar el ciclo. Sin embargo, identificar este comportamiento y decidir que no queremos repetirlo con nuestros hijos es el primer paso para romperlo.

¿Por qué las mamás también vamos a terapia?

A pesar de nuestra conciencia y esfuerzos, es posible que sigamos repitiendo patrones que no queremos. Por eso, buscar ayuda profesional puede ser una herramienta transformadora.

La terapia puede ayudarnos a:

  • Sanar heridas emocionales de la infancia.
  • Identificar y manejar nuestras emociones.
  • Mitigar el estrés y la culpa que sentimos al dedicar tiempo para nosotras.
  • Mejorar la autoestima y confianza en nosotras mismas.
  • Desarrollar herramientas para comunicarnos mejor y resolver conflictos familiares.

No necesariamente hablamos de terapia psicológica. Puede ser cualquier espacio que te permita reflexionar sobre tus necesidades y conectarte con la versión de mamá que deseas ser.

El impacto en tus hijos

Cuando tú estás tranquila, descansada y emocionalmente estable, tienes más energía y recursos para ser la figura de seguridad, apego y confianza que tu hijo necesita.

Invertir en ti misma es invertir en el bienestar de tu hijo.

Gracias por llegar hasta aquí y acompañarme en esta reflexión. Si decides priorizar tu bienestar, recuerda que también estás eligiendo el bienestar de tu familia.

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