¿Debemos esforzarnos en educar a nuestros hijos en inteligencia emocional, o es perder el tiempo?
En este mundo competitivo, donde la información está al alcance de un clic y se actualiza cada minuto, las habilidades más valoradas ya no son solo cultura general, matemáticas o ciencias. Ahora, las competencias de inteligencia emocional y autogestión son esenciales para el éxito.
Mientras llenamos a nuestros hijos de clases de idiomas, programación, música y oratoria, surge la pregunta: ¿Es más importante enseñarles a manejar su frustración, motivarse a sí mismos y no depender del reconocimiento externo?
Un reto personal
Te comparto algo personal. Para mí, aprender a controlar mis emociones ha sido todo un reto. Nunca fui una niña de grandes explosiones, pero aprendí a comportarme, quedarme callada y respetar a los adultos, sin expresar cómo me sentía, por miedo a ser reprendida.
En la adolescencia intenté revelarme, pero al no saber cómo controlarme, fue un completo desastre. De adulta, entendí cómo esto afectaba mis relaciones: no decía cuándo me sentía mal, complacía a todos para “portarme bien” y nunca estaba segura de lo que quería.
Han sido necesarias muchas horas de terapia y muchos tropiezos para aprender que esta no es la forma de manejar las emociones. Como mamá y profesional dedicada a trabajar con niños, ahora sé que quiero dejarles suficientes habilidades emocionales para que no enfrenten estas dificultades cuando sean adultos.
Si a mí me hubieran enseñado inteligencia emocional de niña, lo habría agradecido profundamente de adulta.
¿Por qué es importante la inteligencia emocional?
Enseñarles a los niños a manejar sus emociones, reconocerlas, expresarlas, usarlas para ser empáticos y conectar con otros es tan fundamental como que aprendan a leer, escribir, matemáticas e inglés.
Los avances en neurociencias y desarrollo social han demostrado que la capacidad de autogestionarse, tomar decisiones, proyectarse con seguridad, liderar, trabajar en equipo y aportar ideas con creatividad es incluso más importante que los conocimientos académicos.
Vivimos en un mundo donde:
- La información está disponible en segundos.
- La originalidad marca la diferencia.
- La seguridad en uno mismo es clave para destacar.
Un niño puede aprender matemáticas, inglés, programación, diseño de proyectos y muchas otras competencias, pero nada de esto será suficiente si no sabe:
- Manejar la frustración.
- Reconocer errores y probar nuevas estrategias.
- Mantener la motivación.
- Conectar auténticamente con otros.
- Liderar a través del conocimiento de sus fortalezas y las de los demás.
Para lograr todo esto, necesitan una sólida inteligencia emocional.
¿Cómo educarlos en inteligencia emocional?
Hablar de emociones en los niños no es simplemente evitar berrinches en el supermercado. Es romper los esquemas de crianza con los que crecimos.
Nuestros padres buscaban garantizar nuestro futuro dejándonos una profesión o bienes materiales. Ahora, como cuidadores, podemos brindar a nuestros hijos algo aún más importante:
Un piso emocional sólido y la seguridad de que son capaces de construir todo lo que se propongan.
Padres y docentes: un papel crucial
Los padres y docentes juegan un papel fundamental en esta formación. Los maestros son figuras clave, porque los niños pasan horas significativas con ellos, aprendiendo no solo a estudiar, sino también a interactuar con otros.
El aula es un pequeño laboratorio de vida donde los niños ensayan habilidades que usarán de adultos. Los maestros modelan inteligencia emocional y deben ser buenos ejemplos a seguir, al igual que los padres.
Herramientas para empezar
Existen estrategias efectivas para desarrollar inteligencia emocional:
- Técnicas de regulación emocional mediante respiración.
- Estrategias sensoriales para manejar emociones.
- Identificación y nombramiento de emociones.
- Entrenamiento en discurso interno.
Estas herramientas están disponibles para nosotros como adultos, y al aplicarlas, podemos ofrecer a nuestros hijos un modelo de calidad.
La clave del éxito en este nuevo mundo es dejarles un piso emocional que les permita construir lo que quieran, con la certeza de que son capaces de lograrlo.
Si quieres seguirte formando en este camino, te invito a acompañarme en mi blog, donde comparto más temas sobre crianza positiva y respetuosa.
Gracias por estar aquí y acompañarme.