Discurso interno Enséñale a hablar consigo mismo

“¿Será que me veo bien? Sí, tranquila, te ves bien. No me acuerdo qué tenía que decir… Respira y concéntrate. Vamos a hablar del discurso interno. Ok, listo, la cámara está grabando.”

¿Te hablas a ti mismo con frecuencia? Cuando intentas recordar algo, haces una lista mental de tus pendientes del día, te reclamas por algo que hiciste mal o te felicitas por lo que hiciste bien, esa voz en tu cabeza que te guía, eres tú hablándote a ti mismo.

Es tu discurso interno, y este recurso cognitivo tiene el poder de ayudarte a reflexionar, planificarte y regular tu conducta. Ahora, imagina que puedes enseñar a tu hijo a desarrollar su discurso interno y usarlo para controlar sus emociones, planificar sus actividades escolares o resolver problemas.

¡Exacto, sería casi como un superpoder! Hoy te cuento cómo entrenar este recurso para que lo use a su favor.

¿Qué dicen los estudios sobre el discurso interno?

Estudios neurológicos afirman que nombrar las emociones ayuda a reducir la activación del sistema límbico, permitiendo que la corteza cerebral regule la conducta frente a emociones intensas.

Además, investigaciones en neuropsicología confirman que la habilidad de darse auto-instrucciones mejora la organización, planificación y autocontrol. De hecho, esta estrategia se utiliza ampliamente en la terapia cognitivo-conductual para entrenar el autocontrol en niños con déficit de atención e impulsividad.

Todo esto está relacionado con el mismo recurso cognitivo: el discurso interno, esa voz en tu cabeza con la que te hablas.

Entrenar a los niños en esta habilidad puede ayudarles a regularse en cualquier tipo de situación. Pero el detalle está en: ¿Cuál es el mensaje que se dan a sí mismos? Aquí entramos los padres.

¿Cuándo se desarrolla el discurso interno?

El discurso interno tiene hitos en el desarrollo, relacionados con el lenguaje y la maduración del cerebro:

  1. Desde el nacimiento:
    Los bebés no tienen discurso interno. En esta etapa, piensan principalmente en imágenes porque su sistema visual es el más desarrollado.
  2. A los tres años:
    Comienzan a construir frases simples.
  3. Entre los cinco y siete años:
    El lenguaje se vuelve lo suficientemente amplio como para usarlo en juegos e interacciones imaginarias.
  4. Desde los siete años:
    La corteza prefrontal inicia su maduración, y el discurso interno se traslada al interior del cerebro. Aquí es cuando los niños comienzan a darse instrucciones para reflexionar y controlarse.

El papel de los padres antes de los siete años

Antes de los siete años, los niños necesitan un discurso externo para regular su conducta. En esta etapa, somos nosotros quienes les proporcionamos las frases y herramientas que luego usarán en su propio discurso interno.

Por eso es crucial:

  • Ponerte a su altura y establecer contacto visual.
  • Hablar con frases simples.
  • Modelar y practicar la conducta deseada.

¿Cómo influye nuestro discurso?

Los mensajes que les damos a nuestros hijos se convierten en su discurso interno. Por ejemplo:

  • Frases positivas:
    “Eres capaz de lograrlo.”
    “Respira, puedes intentarlo de nuevo.”
    “Estoy contigo, estás seguro.”
    “Eres maravilloso.”

Estas frases se grabarán en su mente y se convertirán en herramientas para hablarse a sí mismos.

  • Frases negativas:
    “Tú nunca haces nada bien.”
    “¿Es que no puedes fijarte? Me haces molestar.”
    “Contigo no se puede.”

Este tipo de mensajes también se convertirá en su discurso interno, afectando su capacidad para regularse y enfrentarse a los desafíos.

¿Cómo entrenarlo según la edad?

  1. Antes de los siete años:
    Dale las instrucciones externas que necesita recordar mientras realiza una tarea. Usa claves visuales para facilitar el proceso.
  2. A partir de los siete años:
    Entrena su discurso interno con tareas difíciles. Por ejemplo:
  • Situaciones frustrantes:
    “¿Cuál es el objetivo de jugar? Divertirnos. Si pierdo, no pasa nada. Respiro, recuerdo que es solo un juego y vuelvo a intentarlo.”
  • Tareas que requieren cuidado:
    “Voy a hacerlo con cuidado. Respiro y lo hago despacio.”

Dale instrucciones en primera persona y pídele que las repita inmediatamente después de ti. Esto ayuda a que las frases correctas se graben en su mente.

La clave está en la constancia

Recuerda que esta técnica está basada en evidencia científica. No es una estrategia mágica que funcione de inmediato, pero con constancia y repetición, tu hijo consolidará este recurso como una herramienta para usar siempre, especialmente cuando no estés a su lado.

Gracias por acompañarme en este blog.

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