Si hay algo que me ha tocado hacer desde que trabajo con niños con alteraciones en el desarrollo, es acompañar el dolor de los padres al recibir un diagnóstico. Hoy quiero dedicar este espacio no solo a esa mamá o papá que están en ese proceso de duelo, malestar, culpa, angustia y confusión, sino también a ti, profesional, que como yo tienes la responsabilidad de dar la noticia, de confirmar sospechas.
Contamos con el conocimiento, pero necesitamos un gran porcentaje de empatía. Este blog no es como los demás. Hoy quiero contarte mi experiencia.
La dualidad de mi trabajo
Confieso que lo que más disfruto de mi trabajo es tener la oportunidad de acompañar a niños y adolescentes, verlos reír, esforzarse, alcanzar sus objetivos y aprender sobre sí mismos y sus emociones. Es enormemente satisfactorio. Sin embargo, una parte importante de mi labor no consiste únicamente en la estimulación o intervención conductual y emocional, sino en la evaluación.
Por años, he trabajado comparando a los niños que llegan a mí con los estándares de desarrollo esperados para su edad. Identifico habilidades que aún no logran, o que realizan de forma diferente, para responder a una gran pregunta que los padres tienen:
“¿Qué pasa con mi hijo?”
¿Por qué es necesaria la evaluación?
Es necesario evaluar, medir puntuaciones y hacer comparaciones con la edad y grado escolar. ¿Por qué?
- Porque el colegio necesita saber.
- Porque debemos identificar las adaptaciones que el niño requiere.
- Porque necesitamos enseñarles las cosas de otra manera.
- Porque debemos asignar un diagnóstico, ponerle una etiqueta.
Este proceso también me lleva a trabajar con los padres. No solo los incorporo al trabajo terapéutico, enseñándoles técnicas y adaptando estrategias para una crianza más positiva y respetuosa, sino que también los acompaño en su proceso personal al recibir la noticia del diagnóstico.
El desafío emocional de los diagnósticos
Muchas veces, soy percibida como «la bruja mala del cuento». Para algunos padres, soy la persona que les dice algo que no desean escuchar: «Su hijo tiene una condición.»
Es común que piensen:
- “Está equivocada, no sabe lo que dice.”
- “Mi hijo no es eso.”
Algunos cuestionan mi profesionalismo o ética, buscando explicaciones para rechazar el diagnóstico.
Este blog no pretende justificarme ni criticar a los padres que reaccionan de esta manera. Mi objetivo es hablarte a ti, profesional, terapeuta, docente o médico que atraviesas situaciones similares.
¿Por qué sucede esto y qué podemos hacer?
Cuando damos un diagnóstico, debemos recordar que no se trata de nosotros. La reacción de los padres no es un ataque personal, sino una manifestación de su dolor.
Imagina lo que significa para ellos escuchar que su hijo tiene una discapacidad, por más leve que sea. Surgen preguntas llenas de angustia:
- “¿Qué va a pasar ahora?”
- “¿Cómo haré con la vida que tenía planeada?”
- “¿Qué será de mi hijo? ¿Podrá llevar una vida normal? ¿Se burlarán de él?”
El dolor es profundo, intenso y, en muchos casos, interminable. La primera reacción suele ser la negación o la creencia de que hay un error.
En ese momento, nuestro papel es acompañar ese dolor. Aquí te dejo algunas reflexiones y consejos:
- Empatía: Este es el momento en que todas tus habilidades empáticas deben salir a flote. Reconoce que su reacción, incluso si incluye rabia, no es contra ti. Es un grito de auxilio.
- Asertividad y calma: No te enganches emocionalmente. Sé asertivo y firme, pero también compasivo. Mantén tu calma y acompaña el proceso tanto como te lo permitan.
- Cuidado con las palabras: Menciona las habilidades y potencialidades del niño. Explícales las opciones que tienen y qué pasos seguir. Nunca te enfoques únicamente en lo que el niño no puede hacer.
- Invita a buscar segundas opiniones: Dales la seguridad de que pueden buscar otras opiniones si no están de acuerdo con el diagnóstico.
- Establece límites: Algunas personas pueden reaccionar perdiendo el control. No permitas ofensas, pero establece los límites con firmeza y amor.
- Actualización constante: Nunca dejes de formarte y aprender sobre avances en tu área. Tu preparación y ética serán tu respaldo cuando cuestionen tu trabajo. Deja que tus resultados hablen por sí solos.
Trabajar en equipo con los padres
Cuando los padres deciden abrirse y trabajar de la mano contigo, los beneficios para el niño son extraordinarios. Como profesional, tu rol es ser parte de ese equipo, apoyándolos y guiándolos hacia una intervención positiva y respetuosa.
Mi gratitud
Antes de despedirme, quiero dar las gracias a cada madre y padre que ha confiado en mí para valorar a sus hijos. Es una enorme responsabilidad y un compromiso constante para hacer mi trabajo lo mejor posible.
Gracias también a quienes han cuestionado mi forma de trabajar. Ellos me han ayudado a crecer, a reevaluar mis métodos y a comprender mejor lo difícil que puede ser recibir este tipo de noticias.
Gracias por llegar hasta aquí y acompañarme en esta reflexión.