«Así de pequeño como lo ves, él sabe lo que está haciendo. Lo hace para sacarme de mis casillas. Claro, se pone a llorar porque está tratando de doblegarme.»
¿Es esto realmente cierto? ¿Nuestros hijos pequeños son capaces de manipularnos con pataletas y berrinches? La neurociencia tiene algo que decir al respecto.
¿Mi hijo me manipula?
Lo primero que debemos entender es: ¿por qué un niño o niña hace un berrinche o una pataleta?
En condiciones normales, estas conductas ocurren porque quieren algo (una galleta, más tiempo frente a la pantalla, quedarse con mamá) o desean evitar algo que no les gusta (hacer la tarea, bañarse, sentarse a comer).
Sin embargo, es fundamental comprender que la corteza cerebral, esa estructura que nos permite pensar, regularnos y planificar nuestras acciones, aún está inmadura en los niños pequeños. Esto significa que no tienen control absoluto sobre muchas de sus conductas.
¿Los niños planifican sus berrinches?
No, no lo hacen. El cerebro de los niños pequeños está dominado por sus emociones, las cuales se disparan en respuesta a sensaciones que generan placer o incomodidad. Debido a esto, actúan casi por instinto: buscan lo que les resulta placentero y evitan lo que les molesta.
Es por esto que los niños tienden a jugar y explorar de manera intensa cuando algo llama su atención, pero nos ignoran cuando se trata de cumplir con tareas aburridas.
Además, en los primeros años, los niños no cuentan con herramientas socialmente correctas para expresar lo que les desagrada. Imagina a un niño de tres años diciendo:
«Mamá, me molesta en exceso que apagues la tele cuando estoy viendo este episodio por vigésima cuarta vez.»
Eso no va a suceder. Lo más probable es que, si le apagas el televisor para llevarlo a bañarse, se moleste, empiece a llorar y, en el peor de los casos, haga una pataleta. Su llanto no es manipulación; es la forma en la que expresa su rabia y frustración.
¿Qué ocurre en el cerebro de los niños pequeños?
La corteza prefrontal, donde se encuentran las funciones ejecutivas (como la autorregulación y la planificación), está en pleno desarrollo durante los primeros años. Esto significa que los niños no tienen la capacidad neurológica para:
- Pensar sobre sus propios pensamientos o sentimientos.
- Planificar su conducta con el fin de conseguir algo.
- Considerar el impacto emocional de sus acciones en los demás.
Un niño pequeño no puede pensar:
«Esto me molesta. Voy a llorar más fuerte para que mi mamá se desespere y me dé lo que quiero.»
Por lo tanto, es neurológicamente imposible que los berrinches sean manipulaciones conscientes.
¿Qué hacer cuando mi hijo llora?
Cuando tu hijo llora, lo primero es recordar que el llanto no es algo malo. Muchas veces, nuestra desesperación surge de la creencia errónea de que el llanto debe evitarse a toda costa.
Si cambiamos esa percepción, podremos ver el llanto como una expresión natural de inmadurez emocional y como una oportunidad para enseñarles a gestionar sus emociones.
- Acompaña su llanto: Refleja lo que está sintiendo:
- «Sé que estás molesto porque apagué la tele.»
- Mantén los límites: No cedas ante el llanto si implica renunciar a una norma necesaria.
- Regula tus emociones: Aprende a manejar el rechazo que te genera su llanto para actuar desde la calma y la empatía.
Recuerda que este es un proceso gradual. Con el tiempo, tu hijo aprenderá a expresar sus emociones de formas más asertivas.
La crianza respetuosa: más que una moda
Educar desde la crianza respetuosa no es algo que hacemos porque esté de moda, porque sea mágico o porque queramos que nuestros hijos «nos obedezcan». Lo hacemos porque comprendemos que nuestros hijos son personas con los mismos derechos que cualquier otra: a ser respetados, tratados con consideración y libres de maltrato.
Al respetarlos, les estamos enseñando a respetarse a sí mismos.