¿Cómo criar bien a los niños? Inteligencia emocional, lo que nunca te dijeron

Una vez leí que los adultos probablemente somos las personas menos indicadas para enseñarle a un niño cómo reaccionar emocionalmente. Esto me causó gracia, porque es cierto que muchas veces nosotros mismos no sabemos manejar nuestras emociones o expresarlas eficientemente. Sin embargo, esta tarea nos corresponde y la mejor alternativa es convertirnos en buenos ejemplos para nuestros hijos.

Hoy hablaremos sobre cómo educar a niños emocionalmente inteligentes.

¿Qué son las emociones y la inteligencia emocional?

Las emociones son estados subjetivos que ocurren en nuestro organismo como respuesta a una situación o estímulo. Al ser subjetivas, cada persona las experimenta de manera individual. Las emociones generan cambios en nuestro organismo y conducen a reacciones para responder a lo que enfrentamos. Aunque estas sensaciones pueden ser abrumadoras y pasajeras, la inteligencia emocional nos ayuda a manejarlas y expresarlas eficientemente según las demandas sociales y contextuales.

La inteligencia emocional no consiste solo en liberar emociones, sino en canalizarlas para que sean útiles en nuestros propósitos y para comunicarnos efectivamente con los demás.

¿Qué sucede con los niños y las emociones?

Cuando pensamos en inteligencia emocional en niños, lo primero que nos viene a la mente son los clásicos episodios de pataletas y berrinches. Es común escuchar comentarios como “Está tratando de manipular la situación” o “Lo mejor es ignorarlo para que aprenda a calmarse solo”. Sin embargo, estas afirmaciones no son ciertas.

Los niños no tienen la capacidad neurológica para controlar e inhibir su conducta. Las funciones ejecutivas, vinculadas al área prefrontal del cerebro, no maduran completamente hasta los 20 o 23 años. Por lo tanto, pedirle a un niño que se autorregule emocionalmente es algo fuera de sus capacidades. En estas situaciones, los niños necesitan un ente externo que actúe como regulador, y quién mejor que mamá, papá o sus cuidadores significativos.

Como adultos, debemos servir de contención, conectar con las emociones del niño y ser un modelo de cómo actuar para calmarse y emitir respuestas más favorables.

El papel de la amígdala en las emociones

La amígdala es una estructura pequeña ubicada en las regiones subcorticales del cerebro. Se activa ante situaciones de peligro y desencadena dos respuestas fundamentales: pelear para defenderse o huir del peligro.

Cuando un niño tiene un desborde emocional y nosotros respondemos castigando, gritando, pegando o ignorándolo, generamos miedo en el niño y activamos su amígdala. Si esta dinámica se repite constantemente, la amígdala se vuelve más sensible y el niño comienza a reaccionar con conductas de evitación o agresividad incluso en situaciones que no representan un peligro real. Por ejemplo, si otros niños le quitan un juguete, puede reaccionar de forma agresiva o someterse para evitar ser castigado.

Ninguna de estas respuestas es saludable. El objetivo es enseñarles a percibir sus emociones, entender su significado y ejecutar conductas adaptativas que les ayuden a calmarse y expresar lo que sienten.

Los hemisferios cerebrales y las emociones

Cuando experimentamos una emoción, ambos hemisferios del cerebro procesan de manera diferente:

  • Hemisferio derecho: Reconoce las sensaciones asociadas a la emoción, determinando si son agradables o desagradables. Esto influye en si nos aproximamos o alejamos de la situación.
  • Hemisferio izquierdo: Asocia un significado a las sensaciones, asignándoles un nombre y relacionándolas con estímulos externos.

En los niños, las conexiones entre ambos hemisferios aún no están suficientemente maduras para integrar estos procesos. Cuando están abrumados, predominan las sensaciones procesadas por el hemisferio derecho. Por esta razón, tratar de calmar a un niño con explicaciones lógicas (lenguaje del hemisferio izquierdo) no suele funcionar.

En cambio, debemos dirigirnos a ellos utilizando el lenguaje del hemisferio derecho: validando sus sensaciones, conectándonos emocionalmente y ayudándolos a regularse.

¿Cómo educar a niños en inteligencia emocional?

La clave está en ser modelos de cómo actuar ante cada situación emocional y repetir estas conductas constantemente hasta que los niños sean capaces de lograrlo. Los niños pequeños, especialmente menores de tres años, tienen cerebros muy inmaduros, y expresan frustración, rabia o tristeza a través del llanto, las pataletas y los berrinches.

Es fundamental tener mucha paciencia y guiar a nuestros hijos en el desarrollo de su inteligencia emocional. Al final, somos quienes les enseñamos a manejar sus emociones de manera efectiva.

Cinco estrategias para educar la inteligencia emocional en los niños

Es vital ser cautelosos y convertirnos en los mejores modelos para enseñar a nuestros hijos cómo comportarse. Lo más importante es evitar la agresión. Cuando recurrimos a gritos, golpes o incluso ignoramos a nuestros hijos ante sus conductas, les transmitimos un mensaje equivocado: que dejamos de amarlos y de estar ahí para ellos. Esto puede llevarlos a reaccionar con rabia intensa, estresarse ante estímulos innecesarios o volverse muy sumisos, reprimiendo sus emociones en cualquier contexto para cumplir con las expectativas de mamá y papá.

Para evitar este efecto negativo y fomentar la inteligencia emocional, aquí tienes cinco estrategias que te ayudarán a apoyar a tus hijos en su desarrollo emocional:

1. Identificar sus emociones y la causa detrás de ellas
Ayúdalos a reconocer qué están sintiendo y por qué. Nómbrales esa emoción para que logren entenderla: “Tú te sientes triste en este momento, estás frustrado, te sientes molesto porque te estoy pidiendo que nos vayamos a dormir y tú quieres continuar jugando”. Esto les permite conectar sus sentimientos con sus pensamientos y acciones, creando un puente entre ambos hemisferios cerebrales.

2. Establecer asociaciones entre emociones y comportamientos
Apóyalos para que, poco a poco, asocien cómo sus sentimientos influyen en sus comportamientos. A medida que los niños crecen y se hacen más conscientes de este vínculo, les resultará más fácil controlar sus emociones y regular sus conductas.

3. Fomentar la responsabilidad por sus acciones
Enséñales a hacerse cargo de las consecuencias de sus acciones, siempre de forma acorde a su edad. Esto no debe hacerse desde la crítica, el castigo o la agresión, sino desde la comprensión. Por ejemplo, si dañaron algo durante un descontrol emocional, puedes guiarlos para que ofrezcan disculpas o reparen el daño. Así aprenden que sus actos tienen un impacto en los demás.

4. Ayudarlos a expresar sus emociones
Dales las palabras necesarias para expresar lo que sienten. Por ejemplo, cuando están haciendo una rabieta, puedes decirles: “Tú te sientes furioso, es mejor que me digas: ‘Mami, estoy molesto, necesito que me abraces o que me dejes solo por un momento’”. Aunque en el instante no puedan verbalizar todo esto, tu ejemplo constante les dará las claves para enriquecer su vocabulario emocional y mejorar su comunicación.

5. Convertirse en un modelo a seguir
Además de utilizar estas herramientas, es crucial que reflexionemos sobre nuestras propias áreas de mejora. Identifiquemos qué oportunidades tenemos para ser mejores modelos. Recuerda que nuestro ejemplo es la mejor estrategia que podemos ofrecerles a nuestros hijos, ayudándolos a imitar conductas positivas y aprender a controlar sus emociones.

Educar la inteligencia emocional en los niños es un proceso que requiere paciencia, repetición y empatía. Si trabajamos en nosotros mismos y brindamos un entorno seguro, ellos aprenderán a gestionar sus emociones de manera saludable.

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