Mi hijo quiere pasar todo el día con video juegos

Estamos en cuarentena, y durante este tiempo los niños y adolescentes tienen más oportunidades de interactuar con teléfonos, tabletas o consolas de videojuegos. Esto, en principio, no debería ser ningún inconveniente, salvo que observemos respuestas agresivas cuando les indicamos que se acabó el tiempo de juego. Por ejemplo, podemos notar baja tolerancia a la frustración, rabietas al perder o al no superar un nivel del videojuego. También podría ocurrir que no quieran participar en actividades familiares ni en otras dinámicas. Por eso, hoy quiero hablar sobre el tema: «Mi hijo quiere pasar todo el día con el teléfono o el videojuego».

Si has notado en tu hijo conductas como irritabilidad, mal humor o falta de motivación, y sospechas que estas están relacionadas con el uso del teléfono o los videojuegos, probablemente pienses que es momento de tomar medidas. Es común que la primera opción sea retirar el dispositivo o el videojuego. Sin embargo, quiero explicarte por qué esta estrategia no necesariamente es la mejor.

Primero, es importante entender qué ocurre en el cerebro de nuestros niños y adolescentes. Los videojuegos impactan directamente los sistemas de recompensa regulados por la dopamina, un neurotransmisor que interviene en muchos procesos cognitivos superiores, como el aprendizaje y la motivación. También está relacionado con procesos instintivos, como las emociones y los circuitos de placer. Estas sensaciones suelen ser intensas y de corta duración, lo que genera el deseo de repetir la experiencia constantemente.

Por otra parte, dentro del proceso natural del neurodesarrollo en el cerebro del niño o adolescente, encontramos una inmadurez de la corteza prefrontal, donde se ubican las funciones ejecutivas. Estas funciones son responsables de la regulación de la conducta, los impulsos y la toma de decisiones. Por ello, les resulta difícil detenerse y controlar por sí mismos la conducta. Cuando el estímulo se retira abruptamente, pueden sentir frustración, tristeza o irritabilidad, y estas emociones pueden desencadenar respuestas agresivas, groserías, pataletas o rabietas. Estas reacciones afectan negativamente la relación entre padres e hijos.

Actualmente, existe mucha controversia sobre si los videojuegos son positivos o negativos. La investigación científica ha explorado tanto las bondades como las desventajas de estos juegos y dispositivos. Entre las ventajas, se ha demostrado que impactan positivamente en procesos cognitivos como la atención, la concentración, el procesamiento visual y espacial e incluso funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo. Sin embargo, el exceso de horas dedicadas a los videojuegos puede relacionarse con aislamiento social y síntomas emocionales, como depresión y agresividad.

La conclusión general parece ser que debemos regular, por un lado, el tiempo que los niños están expuestos a estos juegos y dispositivos; y por otro, el tipo de juegos a los que acceden. La exposición a contenidos violentos aumenta la probabilidad de que estas respuestas se repliquen en su conducta.

Por cierto, dejaré en la descripción algunos enlaces a investigaciones que podrían interesarles sobre este tema.

¿Retiramos o no retiramos los dispositivos?

Después de lo anterior, seguramente se estarán preguntando: ¿qué hacemos? ¿Retiramos por completo los dispositivos electrónicos? La realidad es que nuestros hijos están creciendo en una era de tecnología y globalización. Por ello, eliminar por completo el uso de teléfonos, tabletas o consolas de videojuegos resulta prácticamente imposible. Lo importante es aprender a convivir con esta tecnología y utilizarla de manera responsable, evitando que se convierta en un exceso o que interfiera con el desarrollo de otras áreas de la vida de nuestros hijos.

Si consideras que tu hijo pasa demasiadas horas interactuando con teléfonos o videojuegos, puedes proceder a limitar su uso, pero no de manera abrupta. Es recomendable hacerlo de forma progresiva, disminuyendo gradualmente el tiempo de exposición. Antes de retirar el dispositivo, es importante ofrecerle alternativas que lo distraigan lo suficiente. Estas pueden variar según la edad, como un rompecabezas, un libro de cuentos, un juego de mesa o cualquier actividad en familia que fomente su interés por otras dinámicas.

Además, podemos aprovechar las bondades que estos dispositivos ofrecen en términos de atención y concentración. Por ejemplo, utilizar aplicaciones educativas puede convertir el tiempo frente a la pantalla en una oportunidad de aprendizaje y desarrollo, además de compartir tiempo valioso junto a nuestros hijos.

Es fundamental estar atentos a la actividad de nuestros hijos en internet y redes sociales. Recordemos que niños y adolescentes no tienen la capacidad de regular por sí mismos su conducta ante estos estímulos. Por ello, es nuestra responsabilidad como padres supervisar el contenido al que están expuestos y las interacciones que establecen en las plataformas digitales, evitando que se enfrenten a situaciones de riesgo.

Deja tus comentarios y preguntas si deseas saber más sobre este tema, o comparte qué estrategias han implementado con sus niños y adolescentes durante esta cuarentena. ¿Cómo les ha ido con el control del uso excesivo de dispositivos electrónicos?

Aquí les dejo algunos enlaces que pueden ser interesantes de investigaciones sobre el tema:

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