Una guía emocional y real para los primeros días después de saber que tu hijo tiene una condición del neurodesarrollo
Recibir un diagnóstico nunca es sencillo.
No importa si lo sospechabas desde hace tiempo, si ya habías leído sobre el tema, si tenías intuiciones… cuando llega el momento en el que alguien te dice: “tu hijo tiene autismo”, “tu hija tiene TDAH”, o cualquier otra condición del neurodesarrollo, algo dentro de ti se sacude.
Y lo primero que aparece es una mezcla de emociones que a veces ni siquiera puedes explicar.
Hoy quiero hablarte como mamá, como terapeuta, y como alguien que ha acompañado a muchas familias a transitar este momento. Porque entender lo que sientes es el primer paso para poder sostener a tu hijo como necesita 💛
El primer golpe emocional: ¿cómo se supone que debo sentirme?
Cada quien vive este momento de forma distinta. Pero hay algo que se repite en muchas familias: la sensación de pérdida.
De pronto, lo que habías soñado para tu hijo —esa imagen perfecta que tenías de él creciendo, estudiando, siendo independiente— parece tambalearse. Y eso duele. No porque tu hijo haya cambiado, sino porque cambia la forma en la que imaginabas su camino.
Empieza un proceso emocional muy parecido a un duelo. Y sí, es válido sentirlo así.
Las etapas que muchas veces no se dicen en voz alta
- Negación: “Esto no puede ser”, “seguro se equivocaron”. A veces buscas una segunda o tercera opinión, esperando escuchar algo diferente. Y es completamente normal: tu mente solo está intentando protegerte del impacto.
- Enojo: Puede que te molestes con el médico, con el sistema, contigo misma. A veces buscamos culpables, y eso también es una forma de procesar el dolor.
- Culpa: Pensamientos como “¿qué hice mal?”, “¿por qué no me di cuenta antes?” son más comunes de lo que imaginas. Pero aquí quiero que me leas con el corazón: no es tu culpa. Hiciste lo mejor que pudiste con lo que sabías y tenías en ese momento.
- Tristeza: Puede venir de la sensación de no saber qué hacer, de sentirte perdida, abrumada o simplemente agotada emocionalmente.
- Aceptación: Llega poco a poco, cuando empiezas a ver que ese diagnóstico no define a tu hijo. Que hay cosas que sí puede hacer. Que hay una nueva forma de acompañarlo, de enseñarle y de verlo florecer.
¿Por qué el diagnóstico es una herramienta y no una sentencia?
Tener un diagnóstico te da una brújula.
Ya no estás adivinando. Ahora sabes por dónde empezar. Qué tipo de terapias necesita, cómo estimularlo, qué evitar, cómo comunicarte con él de una manera que entienda.
El diagnóstico no etiqueta. El diagnóstico traduce.
Te ayuda a ver cuál es su lenguaje, su forma de aprender, sus fortalezas.
Y lo más hermoso de todo esto es que, cuando empiezas a entender a tu hijo en su idioma, comienzas a verlo avanzar. Y eso cambia todo.
Lo más importante: no están solos
Muchas veces como mamás o papás, queremos ser fuertes todo el tiempo. Pero este camino no se camina en solitario.
Busca una red de apoyo: profesionales, familiares, otros padres que han pasado por lo mismo. Y sobre todo, cuídate. Atiéndete. No te dejes al final de la lista.
Porque tu hijo necesita una mamá o un papá con energía, con salud emocional, con herramientas. Y eso no se logra desde el agotamiento ni desde la culpa.
Este es solo el comienzo.
Y aunque el miedo y la incertidumbre estén ahí, también hay esperanza, hay posibilidades, y hay una comunidad dispuesta a caminar contigo.
Gracias por llegar hasta aquí, por darte este espacio para ti.
Estoy aquí para acompañarte 💜
¿Te gustaría que te acompañe paso a paso en este proceso?
Muy pronto abriré las puertas del Círculo de Crianza Psicoformando, una comunidad donde cada semana podrás aprender, compartir y crecer junto a otras familias.
Por ahora, puedes seguir explorando más artículos como este o unirte a nuestra comunidad gratuita.